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Lecciones

Por PaulBB - 11 de Abril, 2007, 22:05, Categoría: Personales

Hay una sóla manera de hablarle a los hombres, de llegar a su corazón. Esto último lo leí una vez en un libro y hoy fui testigo de que efectivamente es así. Y las oí en clase, de un profesor que también demostró que puede ser llamado "maestro". Es del tipo de discursos que te hacen reflexionar, que te sacuden la cabeza agarrándote de los cabellos. Quiero compartirlo con ustedes porque estoy seguro de que le sabrán sacar provecho.

Se dio hoy. El profesor había dejado una asignación obligatoria y había algunos que no la hicieron. Si hay algo que le desagrada en extremo a él son los que no trabajan. Aborrece a los flojos y se los hace notar. Lo que dijo fue más o menos como sigue, fue una pena que no se me ocurriera grabar la clase.

"¿Saben ustedes lo mucho que vale hoy tener una carrera universitaria? Es importantísimo, una carrera en la universidad es un cambio total para tí y los que te rodean. Yo por ejemplo, ustedes creen que si no tuviera una carrera en la universidad podría pagar la mensualidad del colegio de mi hijo que cuesta $500? Y no, no es por vanidad, pues es ese el único colegio donde les enseñan a hablar a los sordos. En los demás colegios especiales enseñan a los niños sordos a hablar mediante gestos como si fueran sordomudos, cuando sólo son sordos. Creen que trabajando de obrero en una construcción hubiera podido hacer eso por mi hijo?

Provengo de una familia muy humilde. Y postulé tres veces para ingresar a la universidad. Tres veces! Yo sé como es ser el típico palomilla o bromista del salón. Sé lo que es burlarse de los profesores cuando estuve en la academia, sé lo que es irse a tomar alcohol y a vagar en vez de prestar atención en clase. Por eso es que en mis dos primeros años en la academia no hice ni la mitad del puntaje mínimo para ingresar a la carrera que yo quería. Tenía serios problemas, mi padre era alcohólico y golpeaba física y psicológicamente a mi madre, que era analfabeta, no sabía leer ni escribir. Recuerdo que en mi primer año, cuando yo tiraba los libros y le decía a mi madre que no estudiaba porque no entendía, ella lloraba, lloraba porque le dolía no poderme ayudar a estudiar. Y así fueron dos años. Cuando habían discusiones en la familia y yo quería intervenir, saben lo que me decía mi padre? 'Tú que te metes, bruto de mierda, dos años y no ingresas a la universidad'. Hubiera preferido que me pegue con una correa o me diera una patada pues el dolor físico pasa, pero el que te queda en el corazón y en el alma lo llevas toda tu vida. Fue en el tercer año de preparación que cambié.

Y fue una vez que había llovido mucho y las calles estaban empapadas. No quería ir a la academia porque tenía los zapatos rotos y me iba a mojar los pies al caminar, me moría de vergüenza. Me levanté y le dije a mi madre 'Hoy no hay clases, no voy a ir. Me levanté para avisarte...'. Y me regresé a la cama. A las 10 me levanté y vi a mi madre en la cocina llorando. Pensé que mi padre la había golpeado otra vez o le había gritado, y le pregunté por qué lloraba, me dijo 'Porque ya te cansaste de estudiar, vas a ser igual que tu padre o como yo...'. Le dije a mi madre 'No, sólo no había clases las primeras dos horas, el profesor iba a faltar. Ya me voy'. Y salí, con mis zapatos rotos. Al llegar a la academia lloré, por mis pies mojados, por la pena, por la frustración, por mi madre... Decidí que tenía que salir del hoyo, que todo estaba en mí, que si estudiaba y era alguien en la vida iba a hacer feliz a mi madre. Dificultades no me faltaron, como no tenía dinero tuve que pagar mis estudios limpiando los salones y los baños cuando terminaban las clases, y muchas veces usaba uniforme de escolar, a pesar de que ya había terminado el colegio, para pagar medio pasaje. La gente se burlaba de mí, pero seguí adelante. Ingresé a la Universidad Nacional de Ingeniería, en el segundo puesto. Qué felicidad.

Pero, saben? A pesar de que sentí vergüenza nunca me amilané pues todos los que alguna vez te van a criticar o se van a burlar de tí porque te empeñas, porque te esfuerzas, porque estudias más y más son los mediocres y los vagos. Nunca se va a burlar de tí alguien con una carrera universitaria, un profesional, sino los imbéciles que andan de esquina en esquina, matando el tiempo. Qué irónico, los que nada son son los que más te van a criticar. Sigue adelante, todo está en tí. Yo no te cuento esto para que te esfuerces, estudies y algún día te gradúes, eso no me toca a mí, pero te cuento mi experiencia para que veas que si tú quieres vas a poder..."

No sé si luego de escuchar a ese emocionado hombre pueda cambiar mi forma de ser y ver las cosas. Lo intentaré seguro y ciertamente valoraré las cosas que tenemos y que muchas veces no le damos el valor que realmente tienen: tus cinco sentidos, tus padres vivos, una casa donde vivir y comer, un lugar donde estudiar. Pero sin duda nunca olvidaré las palabras de un hombre que olvidándose de todo formalismo abrió su alma y nos dejó ver lo que había en ella, no hablándonos como sus alumnos, sino como sus amigos.

Gracias por sus palabras, maestro.

Nos leemos.

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