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Mayo del 2007

El niño y la manzana de caramelo

Por PaulBB - 19 de Mayo, 2007, 17:36, Categoría: Personales

Esta es la historia de un niño y una manzana de caramelo, ya saben, como las que venden en los parques de diversiones. Obviamente y como sabe todo el mundo a los niños les encantan las manzanas de caramelo y créase o no, a las manzanas también les gustan los niños.

Pero este era un chico particular. Mientras todos los demás niños iban corriendo detrás de una manzana de caramelo, él no, y es porque era distinto. Le interesaban más otras cosas, como pegar figuritas en su álbum, ver volar a una mariposa, adivinar cuando va a reventar una burbuja de jabón. Pero claro, si de casualidad iba caminando y encontraba una manzana de caramelo pues se la comía con mucho gusto, eran muy ricas, pero la diferencia estaba en que al niño en cuestión no lo desesperaba comerse una, si lo hacía pues estaba bien, y si no, igual.

Pero una vez pasó por la tienda de dulces y vio la manzana de caramelo más espléndida que ese niño había visto en su corta vida. Era redonda, muy bonita y con un caramelo rojísimo y brillante. La imagen se fijó en su mente y a lo largo del día no se la pudo sacar, derrepente sentía ganas de comer una manzana de caramelo, no cualquiera, sólo esa, la manzana más grandiosa jamás vista por él. Sin embargo estamos hablando de una época remota, donde si un niño se quería comer una manzana de caramelo debía tener su consentimiento, no como ahora, que si quieres una pues vas y tan alegremente la compras en la tienda. Cómo cambian los tiempos.

El chico no sabía qué le pasaba. Si siempre había sido tan indiferente a las manzanas por qué estaba pensando todo el tiempo en lo dulce que sería su sabor, en su color tan rojo, el caramelo tan crocante... Obviamente era una manzana distinta, así que se propuso ir a por ella pero no del modo tradicional. Aprovechando que la manzana dormía se deslizó muy despacio hasta llegar a su lado y sin que ella se diera cuenta le dejó una servilleta a su lado. Como todos saben, cuando un niño deja una servilleta al lado de una manzana significa que se la quiere comer, y si ésta está de acuerdo pues se enrrolla la servilleta alrededor de su palito. Pero claro, la servilleta tiene que tener el nombre del niño, es lo más normal del mundo. Pero el niño no puso su nombre en la servilleta. Se quedó esperando escondido hasta que la manzana despertara y notara la servilleta. Así lo hizo y notó su expresión, una mezcla de intriga y alegría que la hacían más apetecible aún. El niño muy contento se fue a su casa.

Pero la manzana no se iba a quedar con la duda, así que le preguntó al algodón de azúcar, que nunca duerme, acerca de ese extraño acontecimiento. Al día siguiente el niño pasó por la tienda y la vió otra vez; una rara mezcla de alegría y tristeza se apoderó de él: la manzana estaba suprema, tenía un nuevo baño de caramelo y además estaba salpicada con chispas de chocolate y tenía un bonito lazo rojo de azucar pegado al palito... la noticia triste es que la servilleta seguía al lado. Una cosa era clara: la manzana se había puesto tan bonita para él pero la servilleta decía lo contrario. Decidió dejar pasar unos días, tal vez esta manzana no conocía el protocolo, pero sí que lo conocía...

Qué hacer? El niño volvió a su indiferencia habitual. La manzana de caramelo lo veía, tan espléndida como siempre, pero el ya no la veía, ya no la quería ver más. Mientras pasaban los días su fijación por la manzana decrecía, es más, ya casi ni la veía (cosa muy complicada pues la tienda de dulces quedaba al lado de su casa) pero la manzana sí que lo veía a él y eso lo confundía. Lo podía sentir, lo sabía, varias veces la había descubierto mirándolo. Esto hacía renacer su atracción por esa manzana, era como un sube y baja, cuando pensaba que la había borrado de su mente ella lo miraba y el pensaba en como hacerse con ella otra vez. Pero pasó algo terrible.

Un día los padres del niño tenían que salir y no tuvieron mejor idea que dejar al chico con el dueño de la tienda de al lado. ¡Fatalidad! Se quedó él y la manzana de caramelo, solos, mirándose sin verse. La situación era insostenible, el niño debía encontrar la solución, y pronto.

La imagen de hoy

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El comienzo de los demás días.

Por PaulBB - 13 de Mayo, 2007, 13:42, Categoría: Opinión

Ya hace más de un mes que no me pasaba por aquí pues cosas que decir no hay muchas, y no me considero un personaje importante como para andar contando mi vida a diestra y siniestra (a quién le interesaría?), pero hoy es un día especial, es el día de las madres.

Sólo imagina a esa mujer que te tuvo dentro de si durante nueve meses Y sí que pesabas; trata tú de ponerte una calabaza en el vientre y levantarte, caminar, comer y dormir durante todo el día durante tres meses. Pero tu madre lo soportó, porque te quería. Imagina lo que ella sintió cuando te vió por primera vez a través de una ecografía. Una imagen borrosa pero móvil donde a duras penas se puede distinguir algo, pero lo que se movía eras tú, su hijo. Y claro, la sonrisa que esbozó cuando te sintió moverte dentro de ella, iba a traer un ser vivo al mundo.

Y cuando naciste y te vió por primera vez? Tenías sus ojos, dijo. Y te abrazó y tu te sentiste cómodo, seguro. Mientras ibas creciendo ella te iba enseñando las cosas que te rodeaban, jugaban, cantaban, bailaban, reían. Te acuerdas del primer día que fuíste al colegio o al jardín? No te soltabas de su falda mientras llorabas y ella te acariciaba diciéndote cosas dulces al oído para que no tengas miedo, ella iba a estar allí esperándote hasta la salida. Y así fue, cuando saliste tu mamá te esperaba y te preguntaba como estabas, qué habías hecho. Era tu mejor amiga, la persona a quién tu más querías y con quien estabas más a gusto, y en la casa hacían juntos la tarea, palito, bolita, palito, bolita, no me sale mami, así hijito.

Seguiste creciendo y tenías nuevos mejores amigos, nuevas personas con quien te sentías seguro. Tu madre lo entendió pero aún así trataba de acercarse a tí, sabía que nada iba a ser como antes, pero al menos trataba de que no te alejes de ella. Pero tú no entendiste, y te alejaste. Quién era? Tu madre, la que te firma los permisos para irte de paseo en la escuela, la que te daba el dinero para irte a las fiestas con tus amigos, la que limpiaba tu cuarto y aseaba tus cosas. Ella era tu madre, pero ya no le contabas "tus cosas", no le contaste que esa chica que te gustaba te dijo que no, no le contaste que desaprobaste un examen ni le contaste que te sentías triste sin saber porqué. No te diste cuenta que hacías mal y fruto de ese distanciamiento nacían los conflictos; ella queriendo acercarse a tí pero sin saber cómo y tú acusándola de entrometerse en tu vida, ya no soy más un niño, dijiste.

Y ahora vives la vida, yéndote de parranda, matando el tiempo con los amigos, faltando a clases y saliendo con chicas y respondiendo con un me fue bien, mamá y ella te cree y sonríe mientras te sirve la comida.

¿Sabes cómo puedes pagarle a tu madre todo lo que ha hecho por ti? Ella no quiere dinero, no quiere que le des algo lujoso ni quiere cosas más bonitas. Si alguien le preguntara a ella que quiere de la vida respondería que quiere bienestar para sus hijos, para ti. Y sabes por qué? Porque a pesar que tengas 15, 20, 30 o 50 años siempre vas a ser su pequeñito, el ser que sacó dentro de ella, al que le dio de comer y cambió los pañales, contó el cuento del ratón de los dientes y llevaba al colegio de la mano; y ahora sigue preocupándose porque no comes, estás cada día más flaco, porque sales de casa sólo con ese polo, hijo abrígate que hace frío, te puedes resfriar.

Quieres darle un regalo a tu madre en este día? Empieza por cambiar de actitud, nota que la única manera de retribuir todo lo que ella te haya dado es dándole la seguridad de que puedes cuidarte sólo y que si algo le pasara tu estarías a salvo, esa es su mayor preocupación hasta el punto en que tiene miedo de morir pues no quiere que te quedes solo, sin alguien que aún siendo tan frágil es a la vez tan fuerte. Habla con tus amigos o conocidos que no tienen la suerte que tú tienes al tener a tu madre aún contigo. Qué no darían ellos por tenerla así sea para discutir con ella! No esperes que de ella sólo te queden fotografías de color sepia y un traje que nunca se puso y que ahora abrazas pero esta vacío pues ya no está ella para llenarlo y que te abraze, que te haga sentir seguro como cuando tenías 4 años y que te cuente un cuento mientras te duermes en sus piernas.

Nos leemos.


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