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28 de Julio, 2007

186 años ya...

Por PaulBB - 28 de Julio, 2007, 14:50, Categoría: Opinión

Hoy el Perú celebra un aniversario más de su independencia de la Corona española, régimen bajo el cual estuvimos durante casi 300 largos años. No es mi intención hacer de ésta una entrada chauvinista, pero sí creo que darle una miradita a nuestra historia sería apropiado.

Por ejemplo, recordemos cuando llegaron los españoles a nuestras tierras allá por 1530 bajo el mando de Francisco Pizarro y que se hicieron del control patrio con una facilidad pasmosa. Y pensar que el común de los incas creían que esos hombres barbados y montados en animales que para ellos eran divinos -los caballos- eran wiracochas (dioses). Pero no así el Zapa Inca, Atahualpa, que ya había notado que no eran tales wiracochas, puesto que lo único que de verdad les interesó desde el comienzo fue el oro. Así entonces quedó pactado un encuentro entre ambos señores, Pizarro y Atahualpa, que se realizaría en la ciudad de Cajamarca. El objetivo de Pizarro era el de capturar al Inca; el de Atahualpa, capturar a Pizarro.

Al llegar el Inca con su comitiva real encontró que el lugar pactado estaba desierto. No porque los españoles habían olvidado la cita sino que llegaron mucho antes de la hora, y apostaron a muchos de sus hombres en cerros y montañas cercanas, bien apertrechados con sus letales arcabuces para tomar preso a Atahualpa. Coincidentemente el Inca tuvo la misma idea y envió a sus soldados a apostarse en las alturas, con mazos y huaracas (hondas), a esperar su señal. A lo lejos llegaba la comitiva hispana, con Pizarro a la cabeza, secundado por su hermano Gonzalo, Hernando de Soto y el padre Valverde, este último que tenía la función de leer el infame "requerimiento".

El requerimiento era una declaración leída por el sacerdote, en la cual se señalaba que la propiedad de las tierras eran ahora de los reyes de España, y que los nativos debían adoptar el catolicismo y renunciar a sus dioses paganos. Obviamente, los nativos americanos no entendían el español y peor aún, no estaban dispuestos a renunciar a su territorio. Felipillo, un indígena intérprete, tradujo el requerimiento a Atahualpa, generando una reacción iracunda del Inca. ¿Quiénes se creían que eran estos sujetos, para ir a sus tierras, irrespetar a sus dioses, decirles que no eran más dueños de sus hogares e imponerles un dios invisible? A punto estaba el Inca de bajar de su litera cuando el padre Valverde le acercó la biblia. Atahualpa nunca había visto un libro en su vida. Felipillo tradujo que "ahí estaba la palabra de Dios". El Inca lo vio por todos lados y no encontró ningún dios, se lo acercó al oído pues tal vez así lo podría oir pero tampoco pasó nada. Se sintió burlado y arrojó el libro al suelo. Entonces Valverde, indignado y enrojecido por la ira pronunció las terribles palabras: "¡Santiago! ¡Los evangelios por los suelos! ¡A ellos qué yo os absuelvo!". El sacerdote acababa de "asegurar" la salvación de las almas de aquellos hombres que, según los cronistas, despacharían a más de 4000 incas.

Siglos pasaron hasta que desde Argentina llegara José de San Martín y su ejército quienes luego de independizar a su patria y a Chile, decidieran hacer lo mismo con el Virreinato del Perú. Por esos tiempos en España, la Corona estaba muy debilitada por las invasiones napoleónicas y no estaba preparada para enfrentar a "los libertadores" del Sur. Se descuidó el control de las colonias y así San Martín proclamaría en la Plaza de Armas de Lima, el 28 de julio de 1821, la independencia nuestra con las siguientes palabras:

"El Perú es desde este momento libre e independiente,
por la voluntad general de los pueblos y la justicia
de su causa que Dios defiende.
¡Viva la Patria!
¡Viva la libertad!
¡Viva la independencia!"

Pero España no renunciaría tan fácilmente a sus tierras por lo que se envió mayores contingentes militares para recuperarlas. Entonces desde el norte llegaría otro "libertador": Simón Bolívar, y que tras algunos diálogos con San Martín asentaría la independencia del Perú con sendas victorias en las batallas de Junín y Ayacucho. El Perú estaba libre del yugo español, por fin.

Sin embargo, como en toda nación joven, Sudamérica afrontaba una constante revuelta con guerras fratricidas que involucrarían a nuestro país con todos los vecinos. Guerras con Ecuador, Colombia, Bolivia y la terrible guerra con Chile, que a pesar de la derrota que sufrimos es de la que más nos sentimos orgullosos gracias a hombres como el almirante Miguel Grau y el coronel Francisco Bolognesi. Como bien diría el escritor nacional Manuel González Prada durante esos días de sangre, "la mano brutal de Chile despedazó nuestra carne y machacó nuestros huesos" ¿Cómo no serlo así si nuestras mujeres fueron ultrajadas, nuestros niños asesinados y nuestras bibliotecas quemadas? Porque más que la derrota duele el ensañamiento de los soldados para con nuestra Biblioteca Nacional que fue saqueada y cuyos volúmenes fueron quemados. Y en ese momento surgieron nuevas luminarias de las letras peruanas como Ricardo Palma. Pero superamos los estragos.

Aún hoy somos una nación en formación, con lazos de identidad débiles y poco amor por lo nuestro. Pero a punta de golpes y zarandeos provocados por ajenos o por los nuestros cada vez somos más un grupo unido, un grupo digno y contentos de haber nacido en estas tierras. Tierra de Pachacútec, Túpac Amaru, Grau, Bolognesi, Leoncio Prado y José Abelardo Quiñones. Tierra de César Vallejo, González Prada, Ricardo Palma y Vargas Llosa. Tierra de Chabuca Granda, Lucha Reyes, Felipe Pinglo, Luis Abanto Morales y Juan Diego Flórez. Tierra de San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima. Tierra del cebiche, los anticuchos, la causa a la limeña, la pachamanca, los juanes y los chifas. Tierra de Machu Picchu, las Líneas de Nazca, la fortaleza de Kuelap y la Reserva del Manu y Pacaya - Samiria. Tierra del cóndor, las vicuñas, los otorongos y el gallito de las rocas. Tierra que antes que nuestra fue de los chimúes, paracas, tiahuanacos y chavines. Tierra de la marinera, el huayno, el huaylas, el festejo y la zamacueca...

Si eso no te hace sentir orgulloso de haber nacido aquí entonces, amigo mío, te pago el pasaje al destino que elijas. ¡Felices Fiestas Patrias!

Nos leemos.

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