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Comentarios acatólicos

Por PaulBB - 8 de Agosto, 2007, 21:49, Categoría: Opinión

He recibido algunos comentarios bastante agudos contra mi anterior entrada acatólica, donde mencioné al poema "Los dados eternos" del gran César Vallejo. Hubo uno en especial que me resultó interesante pues me escribió que para sentar una posición no bastaba hablar "bonito" sino que el contenido debía llevar un fondo. No sé si se refería a Vallejo o mi táctica argumentativa, supongo que sería a lo segundo, pues el sentido y propósito del poema es muy claro.

Es por eso que en esta ocasión no voy a irme con una perorata redundante de mi cosecha sino con un fragmento de un libro muy interesante de Dan Brown: Ángeles y demonios. Recomiendo su lectura pues es una novela bien hecha. La obra no es una apología demoniaca o anticristiana pero sí se ambienta la mayor parte de la misma en la Ciudad del Vaticano. A lo nuestro: Las líneas a continuación pretenden esclarecer un poco la poca originalidad de la religión católica. Se puede estar de acuerdo o no, en mi caso lo estoy, no hace falta saber mucha historia para coincidir con lo expuesto.

Cuando avanzó hacia los primeros nichos, pasó ante la tumba de un rey católico de Italia. El sarcófago, como muchos en Roma, estaba torcido con respecto a la pared, colocado de una manera errónea. Un grupo de visitantes parecía confuso por este hecho. Langdon no se detuvo a da explicaciones. Las tumbas cristianas oficiales solían estar mal alineadas con la arquitectura que las albergaba con el fin de mirar al este. Era una antigua superstición que Langdon había comentado en la clase de simbología del mes pasado.

     -¡Eso es totalmente incongruente! -había exclamado una estudiante de la primera fila, cuando Langdon explicó el motivo de que las tumbas estuvieran orientadas hacia el este-. ¿Por qué quieren los cristianos que sus tumbas estén orientadas al sol naciente? Estamos hablando de la cristiandad, no de adoradores del sol.
Langdon sonrió, paseó ante la pizarra y masticó una manzana.
     -¡Señor Hitzrot! -gritó.
Un joven que dormitaba en la parte de atrás se incorporó sobresaltado.
     -¿Qué? ¿Yo?
Langdon señaló un cartel del arte del Renacimiento clavado en la pared.
     -¿Quién es el hombre arrodillado ante Dios?
     -Er... ¿Un santo?
     -Brillante. ¿Cómo sabe que es un santo?
     -¿No tiene un halo?
     -Excelente. ¿Ese halo le recuerda algo?
Hitzrot sonrió.
     -¡Sí! Estudiamos esas cosas egipcias el trimestre pasado. Esos... mmm... ¡discos solares!
     -Gracias, Hitzrot. Vuelve a dormir. -Langdon se volvió hacia la clase-. Los halos, como mucha simbología cristiana, se tomaron prestados de la antigua religión egipcia, que adoraba al sol. La cristiandad está plagada de ejemplos de adoración al sol.
     -¿Perdón? -dijo la chica-. ¡Voy mucho a la iglesia, y no veo a nadie adorando al sol!
     -¿De veras? ¿Qué se celebra el 25 de diciembre?
     -Navidad. El nacimiento de Jesucristo.
     -Pero según la Biblia, Cristo nació en marzo. ¿Qué hacemos celebrándolo a fines de diciembre?
Silencio.
Langdon sonrió.
     -El veinticinco de diciembre, amigos míos, es la antigua fiesta pagana del sol invictus, el Sol Invencible, que coincide con el solsticio de invierno. Es esa época maravillosa del año en el que el sol regresa y los días empiezan a alargarse.
Langdon dio otro mordisco a la manzana.
     -Con el fin de conquistar religiones -continuó-, a menudo se adaptan festividades existentes para que la conversión sea menos traumática. Se llama transmutación. Ayuda a la gente a acostumbrarse a la nueva fe. Los creyentes conservan las mismas fechas sagradas, rezan en los mismos lugares sagrados, utilizan una simbología similar y se limitan a sustituir a un dios por otro.
La chica se enfureció.
     -¡Está insinuando que el cristianismo es una especie de... culto al sol reciclado!
     -En absoluto. La cristiandad no tomó prestado tan sólo el culto al sol. El ritual de la canonización proviene del antiguo rito de Euhemerus, el de convertir en dioses a seres humanos. La práctica de "devorar a los dioses", o sea, la Sagrada Comunión, proviene de los aztecas. Ni siquiera el concepto de Cristo muriendo por nuestros pecados es exclusivamente cristiano. El sacrificio de un joven para redimir los pecados de su pueblo aparece en la tradición de Quetzalcoatl.
La muchacha le miró indignada.
     -¿De modo que el cristianismo no tiene nada de original?
     -Muy pocas cosas son realmente originales en cualquier fe organizada. Las religiones no nacen de la nada. Surgen de otra. La religión moderna es un collage, un acta histórica adaptada de la lucha del hombre por comprender lo divino.
     -Mmm... Un momento -dijo Hitzrot, que parecía haberse despertado-. Sé que el cristianismo tiene algo de original. Nuestra imagen de Dios. El arte cristiano nunca plasmó a Dios como el dios sol en forma de halcón, o como una representación azteca, o cosas raras. Siempre muestra a Dios como un anciano de barba blanca. Así que nuestra imagen de Dios es original, ¿verdad?
Langdon sonrió.
     -Cuando los primeros cristianos conversos abandonaron sus deidades anteriores (dioses paganos, dioses romanos, griegos, el sol, Mitra, lo que sea), preguntaron a la Iglesia cuál era el aspecto de su nuevo dios cristiano. Muy sabiamente, la Iglesia eligió el rostro más temido, poderoso... y conocido de toda la historia documentada.
Hitzrot le miró con escepticismo.
     -¿Un anciano de luenga barba?
Langdon señaló una jerarquía de dioses antiguos que colgaba en la pared. En lo alto había un anciano de barba larga y suelta.
     -¿Conocen a Zeus?
La clase terminó al instante.

Nos leemos.

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