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Octubre del 2007

Harry Houdini

Por PaulBB - 28 de Octubre, 2007, 17:02, Categoría: Historia

En mayo de 1903 Harry Houdini se preparaba en un cabaret en Moscú. Para hacer publicidad a su número, visitó a Lebedef, el gigantesco y barbado jefe de la Policía Secreta de Moscú. Houdini le pidió que lo encerrara en la cárcel para demostrar con cuánta facilidad podría escapar. Lebedef, que conocía la reputación del mago, se negó sonriendo.

- Entonces, ¿qué le parecería la Carrette? -propuso Houdini al jefe de la policía.

Lebedef se río. La Carrette (cubo de dos metros cuadrados reforzado con acero) se utilizaba para transportar criminales peligrosos a Siberia. Tenía únicamente dos aberturas: una ventanilla enrejada de 20 centímetros de lado y una sólida puerta de acero. La llave con que se cerraba la puerta de la Carrette, en Moscú, activaba un mecanismo que sólo podía abrirse con una segunda llave, guardada en poder del gobernador de la prisión, en Siberia, a 3000 kilómetros de distancia.

- Nadie ha escapado nunca de la Carrette -advirtió Lebedef a Houdini-. Acepto su reto. pero una vez que lo encerremos tendremos que enviarlo a Siberia para que lo liberen cuando llegue allá.
- Yo me escaparé -insistió Houdini.

Lo desnudaron por completo, y después de registrarlo en busca de alguna llave falsa, fue esposado y encadenado, y a continuación introducido en el minúsculo cubo. Luego lo cerraron con llave y lo pusieron en el patio de la prisión con la puerta contra la pared. Veintiocho minutos después, bañado en sudor, Houdini apareció tambaleante detrás de la caja. Estupefactos, los agentes corrieron a examinar la Carrette. El sello colocado sobre la puerta estaba intacto, las esposas y cadenas que habían colocado al prisionero seguían allí, bien cerradas. Pero Houdini estaba libre. Cómo lo logró, es algo que continúa en el misterio.

"Es sólo un truco". Harry Houdini (artista del escape, mago, autor de más de 40 libros, inventor, actor de cine, aviador, atracción escénica y psicólogo) pasó por el mundo como un huracán entre 1895 y 1926, dejando atrás toda una serie de celdas carcelarias vacías, de esposas de acero burladas y de público maravillado. Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, lo acusó de tener "poderes sobrenaturales". En Alemania, un periodista, asombrado por la facilidad con que Houdini había logrado escapar de una caja de embalaje sellada sin haber movido un solo clavo, declaró: "Houdini tiene la facultad de desmaterializar su propio cuerpo y atravesar las paredes". En Washington, el mago, con esposas en las manos, escapó airosamente de una celda de máxima seguridad de la penitenciaria federal. Luego, por jugar, hizo pasar a otros 18 presos a diferentes celdas antes de escapar al exterior: todo ello en 27 minutos.

En el fondo de cada muestra del arte de Houdini obraba una minuciosa atención a los detalles. Para prepararse a demoler la afirmación de que los faquires hindúes estaban dotados de poderes sobrenaturales que les permitían sobrevivir encerrados, pasó horas interminables dentro de una caja mientras sus ayudantes comprobaban su capacidad de permanecer consciente con una provisión de oxígeno muy limitada. Decididamente convencido de que podía igualar las hazañas de los faquires, se metió en un ataúd, cruzó las manos sobre el pecho y permitió que lo encerraran herméticamente en su interior. Hora y media después salió de allí, pálido pero con vida. Burlándose de cualquier alusión a  poderes sobrenaturales, dijo a los periodistas: "Es sólo un truco. No como ni bebo nada desde 24 horas antes y permanezco absolutamente inmóvil; de ese modo no consumo mucho oxígeno".

Margery, la médium. En su afán de desenmascarar "falsos médiums", Houdini era incansable. Su caso más célebre fue el referente a Margery, bella y rubia médium de Boston. Tan convincentes eran sus sesiones (en que colocaban bajo la mesa una caja con campanillas, por la cual se suponía que los espíritus respondían a las preguntas), que la conservadora y eminente publicación Scientific American se declaró dispuesta a pagarle el premio de 2500 dólares que había ofrecido por un contacto auténtico con el mundo de los espíritus. En junio de 1924 el mago (que había hecho una oferta de 10,000 dólares a cualquier médium que fuera capaz de provocar fenómenos psíquicos que él no pudiese igualar por procedimientos naturales) canceló un contrato teatral y se trasladó a Boston para desafiar a Margery. Después de estipular que él debería sentarse junto a la médium, Houdini sensibilizó la pierna derecha (que había de estar oprimida contra la izquierda de Margery durante la sesión), para lo cual por la mañana del día señalado se ató fuertemente una venda elástica debajo de la rodilla. Cuando se inició la sesión, la pierna de Houdini estaba tan sensible que habría podido detectar el estornudo de una mariposa a tres metros de distancia. Una vez apagadas las luces, y cuando Margery había entrado en trance, Houdini se levantó la pernera del pantalón, dejando la piel desnuda con la sedosa pantorrilla de la médium. Al hacer ésta con el pie un movimiento casi imperceptible para oprimir un botón oculto (maniobra que Houdini había sospechado desde hace mucho), la pierna de Harry vibró como un gong bien pulsado. El mago se puso en pie de un salto, acusó a Margery de impostora, denunció su proceder y volvió a su trabajo en el escenario, con sus 10,000 dólares y habiendo ahorrado 2500 a la revista Scientific American.

Fuera de la escena Houdini era un hombre tímido y pequeño (medía solamente 1.65 m. de estatura), que vestía siempre con ropa arrugada y hablaba haciéndose líos con los verbos y sus tiempos. En cambio en el escenario todo cambiaba. Houdini parecía adquirir la estatura de un gigante: le relucían los ojos, de color azul grisáceo; su dicción se volvía impecable; su traje era siempre inmaculado y el dominio de su arte era tal que, como dijo el difunto escritor Fulton Oursler: "Ese hombre podía escapar de todo, menos de nuestra memoria".

Un sueño realizado. El gran Houdini, cuyo verdadero nombre era Ehrich Weiss, nació en Budapest (Hungría) en 1874, el quinto de ocho hijos de un rabino pobre que emigró a EEUU cuando Ehrich aún era un niño de brazos. De pequeño vendió periódicos, lustró zapatos y trabajó en una tienda de maletas de Milwaukee (Wisconsin), donde gustaba de examinar en su tiempo libre las cerraduras de baúles y maletas. A los 16 años de edad, después de leer la autobiografía de Robert Houdin, el gran mago y diplomático francés del siglo XIX, empezó a soñar con llegar a ser él mismo un gran mago. Cuando cumplió los 17 su familia se trasladó a Nueva York, y Harry Houdini, como dio en hacerse llamar entonces, fue aprendiz de cortador en una fábrica de corbatas durante el día, y mago cuando alguien lo alquilaba para una función teatral por una noche o un fin de semana. Con algún amigo suyo o su hermano Theo como ayudante, presentaba, en excursiones campestres de bomberos, en fiestas de caldereros y reuniones de ciertos gremios, un sensacional número en el cual ejecutaba una escapatoria tan rápida como inexplicable.

En junio de 1894 conoció a una chica de Brooklyn de nombre Bess Rahner y se casó con ella después de un noviazgo de dos días. El matrimonio duró 32 venturosos años, hasta la muerte del mago.

En 1900, convencido de que podía abrirse paso en el gran mundo del espectáculo, Houdini se trasladó con su número a Nueva York. Pero la ciudad se mostró indiferente. Resentido, Harry dijo a Bess: "Haz las maletas, nos vamos a Londres". Una vez allí, el joven se presentó al empresario del Alhambra (el teatro de variedades más importante de la capital inglesa), le mostró su álbum de recortes y le pidió que lo sometiera a prueba. El empresario no se mostró impresionado por el hecho de que Houdini hubiera podido librar sus muñecas de las esposas norteamericanas. "Vaya a Scotland Yard", le indicó, "y si puede librarse de las esposas que ellos le pongan, quizá le dé una oportunidad".

Houdini fue a Scotland Yard y convenció a un jefe de detectives que lo pusiera a prueba. El detective llevó a Harry hasta una columna, le puso las esposas, se caló el sombrero y anunció que se iría a almorzar. "¡Espere un momento!" le gritó el mago. "¡Voy con usted!" Y entregando las esposas abiertas al atónito inspector, lo tomó del brazo y cruzó con él la puerta.

El relato de aquel suceso apareció en todos los periódicos de Inglaterra y pronto se difundió por Europa la fama de Harry como "el hombre al que no puede aprisionar grillete alguno, ninguna cárcel ni cerradura". En 1905 volvió a Nueva York. Ya era una celebridad.

Visitante sin invitación. El año 1913 fue decisivo en la carrera de Houdini. Mientras él iba rumbo a Copenhague, murió su madre, quien había ejercido profunda influencia en su vida. Sin poder resignarse a tal pérdida ni perdonarse el no haber estado junto a su lecho de muerte, dejó a un lado el escepticismo y empezó a visitar médiums y espiritistas con la esperanza de comunicarse con ella. Pero todos los que visitó resultaron simples charlatanes. La gota que derramó el vaso llegó en cierta ocasión cuando una voz (hablando inglés con un acento propio de la Universidad de Oxford) aseguró a Harry que era su madre y que estaba feliz en el "otro mundo". La madre de Houdini nunca había aprendido bien el inglés, y el poco que hablaba tenía un inconfundible acento judeoalemán. Furioso, Houdini emprendió una violenta campaña que lo convirtió en el terror de todos los espiritistas impostores.

En 1923, a la edad de 49 años, empezó a hablar de retirarse. Su popularidad, fomentada por sus actuaciones en el cine, nunca había sido mayor. Sin embargo tenía el presentimiento de su muerte inminente. Veía presagios en hechos extraños: el inexplicable sonido de la voz de su madre llamándolo por su nombre, las singulares reacciones de los animales en su presencia. En Nueva York, una noche lluviosa de octubre de 1926 telefoneó a Joseph Dunninger, célebre mago y adivino, y le pidió que fuera a su casa. Al llegar éste, Houdini le pidió que lo ayudara a llevar unas cajas a cierto almacén situado en el otro lado de la ciudad. Apenas se pusieron en camino, Houdini pidió a Dunninger de repente que regresara. Ya ante la casa, el primero se apeó del auto. Permaneció un rato bajo la lluvia sin decir palabra y luego volvió a subir al coche. "Sólo quería echar una última ojeada a mi casa", reveló. "Nunca volveré a verla".

Pronto salió Harry en una gira que lo llevaría a recorrer EEUU y Canadá. En Montreal dio una conferencia en la Universidad McGill sobre las imposturas del espiritismo. Ello enfureció a los médiums locales, que se decidieron unánimamente a atacarlo. Por la mañana del día de su última actuación en Montreal, Houdini yacía agotado sobre un diván de su camarín cuando llegaron varios estudiantes que habían asistido a su conferencia. Uno de ellos deseaba hacer un dibujo de Houdini y había sido invitado; los otros se presentaron sin invitación. De pronto uno de estos empezó a atacar las opiniones antiespiritistas del mago, quien, demasiado cansado para discutir, trató de calmar a su visitante, aunque sólo consiguió enfurecerlo más y hacerlo gritar: "¿Es cierto que usted es tan fuerte que puede recibir un golpe en cualquier parte del cuerpo sin sufrir daño?" Houdini murmuró algo. Su interlocutor empezó a golpearlo salvajemente en el plexo solar sin que el mago hubiera podido prepararse.

Aunque estaba gravemente lesionado, Houdini logró disimularlo, y lo cierto es que se presentó en el escenario para la función anunciada. Pero los días siguientes fueron para él un tormento, pues perdía y recobraba el conocimiento intermitentemente. En Detroit se desmayó y fue conducido al Hospital de la Piedad con el apéndice perforado y con peritonitis. Bess, que también había estado enferma, se reunió con su esposo en el hospital. El 29 de octubre Houdini, ya exhausto, se enfrentó a su problema final. "Mi madre nunca pudo ponerse en contacto conmigo", le dijo a Bess con voz jadeante. "Si algo sucede debes estar preparada. Recuerda este mensaje: Rosabelle, dulce Rosabelle". poco después Harry había muerto; falleció, cosa extraña, el 31 de octubre, víspera del día de Todos los Santos; temporada por tradición, de brujas y fantasmas.

Pero su muerte no puso fin a su historia. A lo largo de los años siguientes lo mismos médiums cuyos trucos tan laboriosamente había denunciado Houdini empezaron a decir que estaban recibiendo mensajes del mago desde el más allá. "Si Houdini sigue enviando tantos mensajes", comentó el popular humorista Will Rogers, "dejará sin trabajo a la oficina de telégrafos".

Durante los diez años siguientes, en cada aniversario de la muerte de su marido, Bess permaneció sentada en su hogar ante un retrato del maestro iluminado por velas, esperando una señal que nunca llegó. En 1936, diez años después de la muerte del Gran Houdini, Bess apagó la luz.

Pero entre los magos y prestidigitadores de hoy, aún hay algunos que cada año, en el día de Todos los Santos, se dirigen al lugar en que el maestro está enterrado. Y allí aguardan alguna señal de que el invencible Houdini haya logrado realizar el más sensacional de sus escapes.

Nos leemos.

PD.: Este artículo apareció en la revista Selecciones del Reader's Digest en mayo de 1976, y fue escrito por James Stewart-Gordon (Gracias J. P. Hamilton por los créditos).

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Hace un año partió un ángel

Por PaulBB - 17 de Octubre, 2007, 21:17, Categoría: Personales

Hace un año exacto que mi abuelita murió.

- ¿Por qué no hiciste tu tarea? Estás castigado.
- ¡Pero quiero ir a jugar, la puedo hacer más tarde!
- No insistas, no vas a salir hasta que termines.
- ¡Hija, me llevo a Paul de compras! (¡vámonos rápido, hijito, antes de que se dé cuenta!)

Mi abuelita fue durante toda mi vida, mi cómplice. Mis padres estaban poco en casa y ella fue la que siempre estuvo conmigo. Desde que recuerdo siempre viví muy apegado a ella; nos íbamos al parque, de compras, jugábamos. Recuerdo que jugábamos cartas durante horas, y ella terminaba contándome la historia de la familia. Lugares lejanos pero encantadores, familiares que nunca había conocido (ni conocería), historias inverosímiles pero fascinantes. Cuando era niño mi abuelita era mi mejor amiga, nunca se enojaba conmigo y le gustaba llamarme "mi niño bueno"; caminábamos de la mano por las calles, yo preguntando de todo acerca del mundo que me rodeaba y ella con respuestas para todo.

- ¿Abuelita, por qué hay pajaritos negros?
- Porque vuelan muy alto, cerquita al sol, y eso hace que sus alitas se quemen.

A medida que crecemos, los chicos vamos perdiendo nuestros vínculos con las personas que nos quieren, sean nuestros padres o abuelos. Somos menos afectuosos y nos dedicamos más a estar con los amigos, nuestra vida social. Pero ella seguía ahí, a veces regalándome dinero para irme a pasear o salir con las chicas, a veces preparándome lo que me gustaba comer. Mientras yo crecía, mi abuelita estaba en el ocaso: era menos activa que antes, se pasaba las horas tejiendo y esperando tal vez a alguien, tal vez a su "niño bueno" para ir a jugar o caminar. Lógicamente yo prefería irme a jugar pelota que quedarme con mi abuela; a veces estaba sola y yo pasaba de ella. Recién puedo notar lo indiferente que fui, sólo cuando maduramos y nos hacemos grandes nos damos cuenta de lo mal que hemos hecho algunas cosas en nuestra adolescencia, o en nuestra vida en general. No me gustaba estar con ella, las fascinantes historias ahora me parecían aburridas, y los juegos de cartas eran poco menos que un fastidio. A pesar de que ya asomaba cierto bigote en mi cara ella seguía tratándome con ternura.

Pero cayó enferma, y ahora era como una carga pues ya no podíamos salir como antes pues teníamos que cuidarla. Pasó unos largos años en ese estado, con nosotros pendientes de ella y tal vez ella, esperando el momento de dejarnos. "No me gusta molestar", solía decir.

Sólo en sus últimos momentos, en el hospital, con ella apenas consciente me pude dar cuenta de lo canalla que había sido, relegando a aquella mujer tan buena, olvidando todo lo que me dio y lo que pasamos juntos.Cuando fui a verla al hospital le tomé la mano, ahora delgada y casi inerte y le dije lo que hacía muchísimos años que no le decía: "Te quiero mucho, abuelita". Le pedí perdón por haberme comportado así durante los últimos años y le decía que siempre iba a ser su "niño bueno". Al día siguiente mi abuela murió, y aún ahora mientras escribo estas líneas, lloro como aquella vez.

Ya nos volveremos a encontrar, abuelita. Me contarás historias, que yo encontraré fabulosas, jugaremos cartas y yo seré tu "niño bueno", ahora para siempre.

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¡Viva España! ¡Viva el Rey!

Por PaulBB - 12 de Octubre, 2007, 11:53, Categoría: Opinión

Aprovechando en saludar a los amigos españoles que entran a este espacio en su día nacional, hoy 12 de octubre, reproduzco la totalidad de una columna de opinión escrita por Ricardo Vásquez Kunze, en el diario Correo. Suscribo totalmente lo que expone este señor, por eso es que la reproduzco. ¡A celebrar, machos!

"Hoy, 12 de octubre, se celebra el Dïa Nacional de España. Un día que, justo ahora, cobra un sentido histórico fundamental desde el momento mismo en que España, como nación democrática que es, está siendo vapuleada por un provincianismo nacionalista de la misma catadura que el que durante cuarenta años alentó Francisco Franco, el dictador.

El blanco principal de este neofranquismo nacionalista provinciano abanderado por Cataluña y el País Vasco es, como no podía ser de otra manera, el Rey y la bandera. En buen romance, el Rey que lideró con mano firme la transición a la democracia junto con Adolfo Suárez, el Rey que desmanteló el franquismo nacionalista y abogó por las autonomías, el Rey que se jugó entero por la Constitución cuando el golpe del 23 de febrero de 1981 hizo esconderse detrás de sus escaños a los diputados muertos de miedo por los balazos de Tejero en las Cortes, el Rey que unió en torno suyo a todos los líderes parlamentarios el 24 de febrero de 1981, desde la derecha de Fraga hasta el comunismo de Santiago Carrillo, en fin, contra ese Rey que representa lo mejor que ha tenido España como sociedad abierta, libre, civilizada y tolerante se alzan hoy las voces del fanatismo.

En Cataluña se queman sus retratos y se pisotea la bandera de la Constitución mientras se despide de la emisora pública Catalunya Radio a la escritora Cristina Peri Rossi por hablar en castellano, en un acto de totalitarismo que recuerda, precisamente, al dictador Franco, que prohibió el uso del catalán en todos los espacios públicos de la misma Cataluña. Ya olvidado está que la primera visita oficial de Juan Carlos I fue a Cataluña y que fue el primer Rey de España en dirigirse a los catalanes en catalán. Esa es la memoria selectiva del fanatismo.

Los fanáticos totalitarios han regresado pues, con todo descaro, luego de 30 años de una democracia ejemplar liderada por el Rey, trasvestidos con los colores de "la república". Unas "repúblicas" provincianas a las que poco les falta para teñirse de azul y levantar la mano "de cara al sol". Y frente al nacionalismo ramplón, al provincianismo mediocre, y a las "repúblicas" del velo en las escuelas y la persecución lingüística, sólo me queda protestar diciendo: ¡Qué viva España! ¡Qué viva el Rey!"

¡Qué viva! Nos leemos.

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Fin de la Guerra

Por PaulBB - 8 de Octubre, 2007, 19:20, Categoría: Historia

Las fuerzas militares que defendían Lima eran ahora polvo, destruídas y acabadas por el ejército chileno. Sin embargo aún quedaban peruanos que querían seguir combatiendo, que no estaban dispuestos a resignarse al hecho de bajar la cerviz y aceptar la humillación. Recordemos.

Andrés A. Cáceres había sido sacado del campo de batalla, en Miraflores, gracias a una astuta estratagema de sus soldados y ahora, ya recuperado, se disponía a alistar un nuevo ejército con el cual enfrentar a las fuerzas chilenas. Sin soldados a quienes recurrir, Cáceres decidió que los únicos que podían combatir eran los ciudadanos de Lima: hombres, ancianos y chiquillos, pero no se dio. Los habitantes de la ciudad eran temerosos de participar en un enfrentamiento luego de haber visto el poderío y la eficacia de Chile en el campo de batalla. Entonces Cáceres dejó Lima y enrrumbó hacia los Andes.

Cuando Cáceres llegaba a un pueblo pedía a los párrocos o sacerdotes que hiceran tañir las campanas para convocar a los pobladores para hablarles de la situación en la que se encontraba el país. Se dirigía a los campesinos en estos términos: "¡El Perú está en peligro, hay que defenderlo!". Entonces los campesinos le preguntaban y se preguntaban a ellos mismos: "Y quién es ese 'Perú' al que hay que ir a defender?". Esta insólita respuesta se daba por el triste hecho de que en los andes peruanos, la nula presencia del Estado hacía que se viva una especie de feudalismo, donde los "gamonales" eran los dueños de enormes áreas de tierras de cultivo y tenían a los indígenas trabajándolas, a cambio de alimento y vivienda. Lamentable situación por la cual cuando Cáceres les pedía defender al Perú, los campesinos creían que "Perú" era una persona. El mariscal cambió el discurso: "¡Los chalinos nos invaden y quieren quitarles su pachamama! ¿Lo van a permitir?". El término "chalino" era usado como chileno y la pachamama era la "madre tierra", elemento ancestral de la etnia inca. El mariscal Cáceres reunió así a 5000 peruanos dispuestos a luchar para conservar su pachamama. Pero eran aldeanos, no militares, y a pesar de su valor para combatir se presentaban con azadas, rastrillos, lampas, hondas y piedras, en una milicia conformada por hombres y mujeres, sin la menor noción de como formar o atacar como un batallón.

Cuenta Cáceres, en sus memorias, que los campesinos no tenían idea de cual era su izquierda y su derecha, cosa que complicaba muchísimo si nos damos cuenta que para combatir se debe saber hacia donde ir o desde donde se está siendo atacado. Como los campesinos no lograban entender el concepto, Cáceres envió a uno de sus colaboradores a traer toda la "cancha" (maíz tostado) y "kisu" (queso) que encontrara. Reunió a sus milicia y a cada uno le fue poniendo en su mano derecha la cancha, y en la izquierda, el queso. Y les dijo que en la batalla, cuando él gritara cancha o queso, se deberían mover al lado que correspondía. Así se solucionó esta situación, de entre otras tantas anecdóticas.

Con su milicia entrenada, Cáceres se dispuso a enfrentar al ejército chileno que lo había ido a buscar. Fueron sendas victorias en las batallas de Marcavalle, Concepción y dos veces en Pucará. El Mariscal había logrado que un grupo de aldeanos derrotaran a soldados de un ejército regular. Estas victorias sorprendían sobremanera a los jefes militares chilenos Baquedano y Lynch, quienes enviaban tropas a combatir contra Cáceres y estos ya no volvían, entonces deciden enviar a uno de sus mejores hombres, si no el mejor, Pedro Lagos, para que vaya a apoyar a los generales Canto y Letelier, en la sierra.

En la batalla, las fuerzas chilenas superaban a las peruanas en número y esto lo sabía Cáceres, que ideó otra treta. Esta vez pidió que le traigan mucha ropa y a todos los camélidos (llamas y guanacos) que encuentren; los vistió y los apostó en las cumbres de los cerros. Durante el combate, cuando la cosa pintó desfavorable, Cáceres hizo la señal respectiva para que desde arriba los campesinos azuzaran a los animales y estos bajen en estampida, levantando polvo, y armaron tal alboroto que los soldados chilenos pensaron que eran refuerzos, creando confusión que fue aprovechada por la milicia del Mariscal. Así se logró la victoria en la localidad de Sangrar. Cáceres era visto como un caudillo, era su "Tayta" (Señor)  para los milicianos, y estos estaban dispuestos a marchar a Lima, para recuperar la capital.

Mientras tanto en Cajamarca, el general peruano derrotado en la batalla de San Juan, Miguel Iglesias, logró una victoria en la batalla de San Pablo. Este hecho haría que los hacendados cajamarquinos lo vieron como a un líder y tal era la anarquía en ese momento que lo nombraron Presidente. Pero el cargo no era gratuito. A cambio, los hacendados exigían que Iglesias firme la paz con Chile, aceptándose la entrega de los territorios en disputa. Hay muchas teorías respecto al porqué de esta increíble petición, pero la que cobra más fuerza es el temor de los terratenientes a perder sus haciendas a manos de la milicia de Cáceres, pues en el caso de una victoria peruana, Cáceres les quitaría sus tierras para repartirlas entre los campesinos que habían peleado contra los chilenos.

Así es que Iglesias da el tristemente famoso "Grito de Montán", donde pide la paz a Chile. Cáceres y su milicia son sorprendidos por la noticia, la moral de los campesinos cae por los suelos: mientras ellos peleaban por su "pachamama" había otros que se resignaban a perderla, y peor aún, a entregarla voluntariamente. El desconcierto es aprovechado por el ejército chileno; en la batalla de Huamachuco Cáceres es derrotado. En Lima se firma el Tratado de Ancón, donde el Perú entrega Tarapacá a Chile, y Arica y Tacna quedarían bajo control chileno durante 10 años, transcurridos los cuales se haría un plebiscito para que los pueblos decidan su nacionalidad.

De este modo terminaría la guerra contra Chile. Me siento apesadumbrado, nos leemos. 

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Recuerdos históricos (continuación)

Por PaulBB - 1 de Octubre, 2007, 20:14, Categoría: Historia

Luego de haber perdido el combate naval, Perú aún tenía una opción de reivindicación si ganaba los combates terrestres. Leamos.

Campaña de Tarapacá o Del Sur

Se produce el primer desembarco chileno en Pisagua, que se ubicaba al norte de Tarapacá. Una hábil maniobra militar pues de este modo el ejército chileno desembarcaba en una localidad desprotegida militarmente y tomaba al ejército peruano por sorpresa, pues la tropa peruana esperaba el desembarco chileno en la misma Tarapacá. Las batallas de Pisagua y San Francisco son sendas victorias chilenas. Queda por resaltar que el número de soldados en ambos bandos o la proporción de efectivos militares era de 3,5 a 1 favorable a Chile. En la batalla de Tarapacá, el batallón Zepita bajo el mando de Andrés A. Cáceres lograría una victoria peruana (única batalla donde la proporción fue de 1 a 1). Días después Chile retomaría Tarapacá pues no se enviaron los refuerzos necesarios para consolidar la victoria. Los chilenos seguían subiendo en el mapa.

Campaña de Tacna y Arica

Volviendo a usar la táctica que tan bien les había resultado, los chilenos desembarcan por Ilo (Moquegua) y bajan hacia Tacna y Arica. Se da una primera batalla en la localidad llamada "Ángeles", que sería una victoria chilena. En la batalla del Alto de la Alianza, en Tacna, que volvemos a perder, Bolivia decide retirarse de la guerra. Si hasta ahora no se ha mencionado a los bolivianos fue porque estos no representaban poderío militar alguno, además, la guerra los había dejado en la bancarrota total y el Gobierno boliviano no podía solventar ya los gastos de la guerra. El Perú desde ese momento combatiría en solitario.

Fue en Arica, donde se daría la última batalla de esta campaña. El enviado de las tropas chilenas Juan de La Cruz de Salvo se reúne con el jefe de las tropas peruanas, el coronel Francisco Bolognesi, para pedirle la rendición del Perú ante la inminente toma de Arica. Bolognesi pronunciaría, ante este pedido, las palabras que hasta hoy lo hacen célebre: "Tengo deberes sagrados que cumplir, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho". Chile arrasaría en Arica, la parte sur del Perú estaba perdida.

Tras la victoria, el Gobierno chileno envía al Perú al militar Patricio Lynch con un objetivo claro: lograr la ruina económica del Perú. Para este fin se vale de unos medios que hoy podrían considerarse como crímenes de guerra, pues "El Príncipe Rojo" se dedicó a quemar y destruir haciendas peruanas, cortando de este modo la producción de alimentos e insumos militares.

Por esas fechas, Estados Unidos envía un barco en el cual los representantes de ambos países deberían tratar de poner fin al conflicto, el "Lackawana". La reunión se dio, sin embargo las pretensiones de Chile para terminar la guerra eran inadmisibles: Tarapacá, Arica, Tacna y Moquegua. Lógicamente, el Perú no aceptó, y Estados Unidos se retiró. Chile se prepara para el golpe final, tomar la capital peruana: Lima.

La Campaña de Lima

Ante el inminente ataque chileno sobre Lima, el presidente peruano Nicolás de Piérola, organiza dos líneas de defensa: la primera en San Juan y la segunda en Miraflores. Sin embargo Piérola, que no era militar, es duramente cuestionado pues el ejército peruano contaba con muy pocos efectivos y el hecho de dividirlos los hacía muy vulnerables, pues lo más apropiado hubiera sido que peleen todos juntos. Piérola consideró que las dos líneas de defensa eran lo que correspondía antes esta situación.

Cuando Chile desembarca en Lima lo hace en tres puntos: San Pedro, Curayacu y Lurín. Piérola, al ver el enorme contingente chileno dicta una ley por la cual todos los peruanos varones, incluídos los adultos mayores y los chicos en edad en escolar deberían participar en la guerra (a día de hoy, centros educativos como el colegio Nuestra Señora de Guadalupe y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos guardan en sus relicarios, los uniformes y el armamento que usaron sus alumnos). Las escaramuzas son cruentas y siempre favorables para Chile donde destacaría un detalle entre los muchos que inclinarían la balanza siempre a su favor: mientras el ejército chileno tenía como único armamento a los fusiles Remington, el ejército peruano usaba armas de todo tipo. ¿Y cuál era la desventaja? La falta de municiones; cuando los soldados peruanos necesitaban balas se daban con la situación de que ya no había, o si había pues eran de otro calibre u otro tipo de arma. Tal era el grado de incompetencia de nuestro poco preparado ejército ante esta guerra.

En la batalla de San Juan, la primera línea defensiva peruana al mando de Miguel Iglesias es derrotada en el Morro Solar. Iglesias es tomado prisionero. Sin fuerzas militares que los contengan, los soldados chilenos se dedican a combatir "casa por casa" en el distrito de Chorrillos. El modo era simple; tocaban la puerta, se metían a las casas, se llevaban lo que servía, destruían lo que podían, mataban a los hombres y en ocasiones ultrajaban a las mujeres y niñas (tamaño sadismo es contado tanto por historiadores peruanos como chilenos). El ejército de Chile seguía su camino hacia Lima, destruyendo esta vez el distrito de Barranco.

Tras la fácil victoria, el grueso del ejército chileno se había dedicado a la celebración, al punto de encontrarse totalmente ebrios. El jefe de las tropas chilenas, Manuel Baquedano, ordena la liberación de Miguel Iglesias y le indica que le diga al presidente Piérola que Chile busca una tregua. Obviamente, Baquedano había notado la vulnerabilidad de su ejército, diezmado por el alcohol, y quería dejar pasar unos días ante el posible hecho de que las tropas peruanas decidieran realizar un ataque sorpresivo. Cuando Iglesias se reúne con Piérola le indica la situación del ejército chileno. Andrés A. Cáceres, que se encontraba ahí (había sobrevivido a la Campaña de Tarapacá) se da cuenta de la situación y le pide a Piérola 2000 reservistas para ir inmediatamente a atacar a las tropas de Baquedano. Piérola se negaría, por temor a una derrota que acabaría definitivamente con los únicos soldados peruanos que quedaban para la defensa de Lima.

Cuando los soldados chilenos ya estaban recuperados de la "resaca" se produce la batalla de Miraflores, donde la última línea defensiva peruana, bajo el mando de los generales Cáceres, Iglesias, Canevaro y Panizo, sería aniquilada. Cáceres es herido de gravedad y, el ejército desmoralizado, pierde la batalla. Es este combate, uno de las pocos en el que el ejército chileno no practicó el "repase" (muerte a los soldados que habían caído heridos) donde se les escaparía un enemigo que luego les traería problemas. Baquedano había permitido que la tropa peruana recoja a sus muertos para llevárselos a enterrar, sin embargo había ordenado la captura de Cáceres, a quien le tenía especial tirria desde la derrota que sufriera en Tarapacá, pero no lo encontraba. "¿Dónde está Cáceres? ¡Encuéntrenlo, ha caído herido en el combate!". Sin embargo, los soldados peruanos habían metido al mariscal, aún con vida, en un ataúd y lo sacaron con los demás muertos.

El Perú, sin defensas ahora, estaba a merced de Chile.

Ocupación de Lima

Patricio Lynch y sus tropas, que venían desde el norte del Perú luego de acabar con las haciendas, se encuentran con Manuel Baquedano y ambos entran triunfantes a la Plaza de Armas (actual Plaza Mayor). Para esto ya el presidente Nicolás de Piérola había fugado a la sierra peruana, a Ayacucho. Lynch y Baquedano toman prisionero al alcalde de Lima, Rufino Torrico y lo conminan a aceptar la ocupación de Lima a manos de Chile. El alcalde, sin más que hacer, acepta y es así que los chilenos se instalan en el Palacio de Gobierno. Como hechos particulares de estos momentos se podría señalar que en esa época la bandera chilena se izaba en Palacio de Gobierno en vez de la peruana. También se puede mencionar que ocupada ya la ciudad de Lima, los soldados chilenos solían desfilar por la calle principal de esos tiempos, el Jirón de la Unión, y que para evitar los ataques de los ciudadanos usaban a los bomberos como escudos humanos. También se recuerda que las tropas chilenas saquearon la Biblioteca Nacional, llevándose ejemplares valiosísimos y cuando terminaron usaron la biblioteca como caballeriza; además destruyeron la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Tal grado de enajenación se nos hace ahora inconcebible, Chile masacraba y desgarraba al Perú a su antojo. Sin embargo, aparecería un personaje que pararía esta barbarie.

Llega a las costas peruanas el almirante francés Abel Du Petit Thouars con una pequeña armada y se entrevista con Baquedano y Lynch, conminándolos a terminar con la destrucción de la ciudad o de lo contrario él, y por extensión, Francia, se verían en la necesidad de intervenir y combatir contra Chile. Aunque algunos tomen esto como un gesto altruísta y generoso de parte del gobierno francés pues no lo es tanto, pues hay que recordar que Francia tenía inversiones en el Perú y que tanta destrucción ponía en peligro sus capitales. La intervención de Du Petit Thouars sirvió para que Chile, prudentemente, se calmara. Además, no era un secreto que Inglaterra financiaba a Chile para afrontar la guerra, y ya entonces existía una franca rivalidad entre franceses e ingleses.

Francisco García Calderón es nombrado, por Chile, como Presidente del Perú, ante las protestas de Nicolás de Piérola quien aún decía que era el Presidente en funciones. Los chilenos reconocen a García Calderón y desconocen a Piérola, iniciándose así una vez más las negociaciones para el fin de la guerra. Manuel María Gálvez, Ministro de Relaciones Exteriores peruano se entrevista con los diplomáticos chilenos quienes persistían en su posición de detener la guerra a cambio de la cesión de Tarapacá, Arica, Tacna y Moquegua. García Calderón no acepta y es deportado junto con su familia a Chile. Mientras tanto, en Arequipa, una junta de hacendados nombra como Presidente a Lizardo Montero.

Manuel Baquedano todavía se encontraba con cierta preocupación pues hasta ahora no habían podido encontrar a Andrés A. Cáceres, desaparecido en la batalla de Miraflores. Pronto tendría noticias de él, de la forma que menos esperaba.

(continuará)

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