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Recuerdos históricos (continuación)

Por PaulBB - 1 de Octubre, 2007, 20:14, Categoría: Historia

Luego de haber perdido el combate naval, Perú aún tenía una opción de reivindicación si ganaba los combates terrestres. Leamos.

Campaña de Tarapacá o Del Sur

Se produce el primer desembarco chileno en Pisagua, que se ubicaba al norte de Tarapacá. Una hábil maniobra militar pues de este modo el ejército chileno desembarcaba en una localidad desprotegida militarmente y tomaba al ejército peruano por sorpresa, pues la tropa peruana esperaba el desembarco chileno en la misma Tarapacá. Las batallas de Pisagua y San Francisco son sendas victorias chilenas. Queda por resaltar que el número de soldados en ambos bandos o la proporción de efectivos militares era de 3,5 a 1 favorable a Chile. En la batalla de Tarapacá, el batallón Zepita bajo el mando de Andrés A. Cáceres lograría una victoria peruana (única batalla donde la proporción fue de 1 a 1). Días después Chile retomaría Tarapacá pues no se enviaron los refuerzos necesarios para consolidar la victoria. Los chilenos seguían subiendo en el mapa.

Campaña de Tacna y Arica

Volviendo a usar la táctica que tan bien les había resultado, los chilenos desembarcan por Ilo (Moquegua) y bajan hacia Tacna y Arica. Se da una primera batalla en la localidad llamada "Ángeles", que sería una victoria chilena. En la batalla del Alto de la Alianza, en Tacna, que volvemos a perder, Bolivia decide retirarse de la guerra. Si hasta ahora no se ha mencionado a los bolivianos fue porque estos no representaban poderío militar alguno, además, la guerra los había dejado en la bancarrota total y el Gobierno boliviano no podía solventar ya los gastos de la guerra. El Perú desde ese momento combatiría en solitario.

Fue en Arica, donde se daría la última batalla de esta campaña. El enviado de las tropas chilenas Juan de La Cruz de Salvo se reúne con el jefe de las tropas peruanas, el coronel Francisco Bolognesi, para pedirle la rendición del Perú ante la inminente toma de Arica. Bolognesi pronunciaría, ante este pedido, las palabras que hasta hoy lo hacen célebre: "Tengo deberes sagrados que cumplir, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho". Chile arrasaría en Arica, la parte sur del Perú estaba perdida.

Tras la victoria, el Gobierno chileno envía al Perú al militar Patricio Lynch con un objetivo claro: lograr la ruina económica del Perú. Para este fin se vale de unos medios que hoy podrían considerarse como crímenes de guerra, pues "El Príncipe Rojo" se dedicó a quemar y destruir haciendas peruanas, cortando de este modo la producción de alimentos e insumos militares.

Por esas fechas, Estados Unidos envía un barco en el cual los representantes de ambos países deberían tratar de poner fin al conflicto, el "Lackawana". La reunión se dio, sin embargo las pretensiones de Chile para terminar la guerra eran inadmisibles: Tarapacá, Arica, Tacna y Moquegua. Lógicamente, el Perú no aceptó, y Estados Unidos se retiró. Chile se prepara para el golpe final, tomar la capital peruana: Lima.

La Campaña de Lima

Ante el inminente ataque chileno sobre Lima, el presidente peruano Nicolás de Piérola, organiza dos líneas de defensa: la primera en San Juan y la segunda en Miraflores. Sin embargo Piérola, que no era militar, es duramente cuestionado pues el ejército peruano contaba con muy pocos efectivos y el hecho de dividirlos los hacía muy vulnerables, pues lo más apropiado hubiera sido que peleen todos juntos. Piérola consideró que las dos líneas de defensa eran lo que correspondía antes esta situación.

Cuando Chile desembarca en Lima lo hace en tres puntos: San Pedro, Curayacu y Lurín. Piérola, al ver el enorme contingente chileno dicta una ley por la cual todos los peruanos varones, incluídos los adultos mayores y los chicos en edad en escolar deberían participar en la guerra (a día de hoy, centros educativos como el colegio Nuestra Señora de Guadalupe y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos guardan en sus relicarios, los uniformes y el armamento que usaron sus alumnos). Las escaramuzas son cruentas y siempre favorables para Chile donde destacaría un detalle entre los muchos que inclinarían la balanza siempre a su favor: mientras el ejército chileno tenía como único armamento a los fusiles Remington, el ejército peruano usaba armas de todo tipo. ¿Y cuál era la desventaja? La falta de municiones; cuando los soldados peruanos necesitaban balas se daban con la situación de que ya no había, o si había pues eran de otro calibre u otro tipo de arma. Tal era el grado de incompetencia de nuestro poco preparado ejército ante esta guerra.

En la batalla de San Juan, la primera línea defensiva peruana al mando de Miguel Iglesias es derrotada en el Morro Solar. Iglesias es tomado prisionero. Sin fuerzas militares que los contengan, los soldados chilenos se dedican a combatir "casa por casa" en el distrito de Chorrillos. El modo era simple; tocaban la puerta, se metían a las casas, se llevaban lo que servía, destruían lo que podían, mataban a los hombres y en ocasiones ultrajaban a las mujeres y niñas (tamaño sadismo es contado tanto por historiadores peruanos como chilenos). El ejército de Chile seguía su camino hacia Lima, destruyendo esta vez el distrito de Barranco.

Tras la fácil victoria, el grueso del ejército chileno se había dedicado a la celebración, al punto de encontrarse totalmente ebrios. El jefe de las tropas chilenas, Manuel Baquedano, ordena la liberación de Miguel Iglesias y le indica que le diga al presidente Piérola que Chile busca una tregua. Obviamente, Baquedano había notado la vulnerabilidad de su ejército, diezmado por el alcohol, y quería dejar pasar unos días ante el posible hecho de que las tropas peruanas decidieran realizar un ataque sorpresivo. Cuando Iglesias se reúne con Piérola le indica la situación del ejército chileno. Andrés A. Cáceres, que se encontraba ahí (había sobrevivido a la Campaña de Tarapacá) se da cuenta de la situación y le pide a Piérola 2000 reservistas para ir inmediatamente a atacar a las tropas de Baquedano. Piérola se negaría, por temor a una derrota que acabaría definitivamente con los únicos soldados peruanos que quedaban para la defensa de Lima.

Cuando los soldados chilenos ya estaban recuperados de la "resaca" se produce la batalla de Miraflores, donde la última línea defensiva peruana, bajo el mando de los generales Cáceres, Iglesias, Canevaro y Panizo, sería aniquilada. Cáceres es herido de gravedad y, el ejército desmoralizado, pierde la batalla. Es este combate, uno de las pocos en el que el ejército chileno no practicó el "repase" (muerte a los soldados que habían caído heridos) donde se les escaparía un enemigo que luego les traería problemas. Baquedano había permitido que la tropa peruana recoja a sus muertos para llevárselos a enterrar, sin embargo había ordenado la captura de Cáceres, a quien le tenía especial tirria desde la derrota que sufriera en Tarapacá, pero no lo encontraba. "¿Dónde está Cáceres? ¡Encuéntrenlo, ha caído herido en el combate!". Sin embargo, los soldados peruanos habían metido al mariscal, aún con vida, en un ataúd y lo sacaron con los demás muertos.

El Perú, sin defensas ahora, estaba a merced de Chile.

Ocupación de Lima

Patricio Lynch y sus tropas, que venían desde el norte del Perú luego de acabar con las haciendas, se encuentran con Manuel Baquedano y ambos entran triunfantes a la Plaza de Armas (actual Plaza Mayor). Para esto ya el presidente Nicolás de Piérola había fugado a la sierra peruana, a Ayacucho. Lynch y Baquedano toman prisionero al alcalde de Lima, Rufino Torrico y lo conminan a aceptar la ocupación de Lima a manos de Chile. El alcalde, sin más que hacer, acepta y es así que los chilenos se instalan en el Palacio de Gobierno. Como hechos particulares de estos momentos se podría señalar que en esa época la bandera chilena se izaba en Palacio de Gobierno en vez de la peruana. También se puede mencionar que ocupada ya la ciudad de Lima, los soldados chilenos solían desfilar por la calle principal de esos tiempos, el Jirón de la Unión, y que para evitar los ataques de los ciudadanos usaban a los bomberos como escudos humanos. También se recuerda que las tropas chilenas saquearon la Biblioteca Nacional, llevándose ejemplares valiosísimos y cuando terminaron usaron la biblioteca como caballeriza; además destruyeron la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Tal grado de enajenación se nos hace ahora inconcebible, Chile masacraba y desgarraba al Perú a su antojo. Sin embargo, aparecería un personaje que pararía esta barbarie.

Llega a las costas peruanas el almirante francés Abel Du Petit Thouars con una pequeña armada y se entrevista con Baquedano y Lynch, conminándolos a terminar con la destrucción de la ciudad o de lo contrario él, y por extensión, Francia, se verían en la necesidad de intervenir y combatir contra Chile. Aunque algunos tomen esto como un gesto altruísta y generoso de parte del gobierno francés pues no lo es tanto, pues hay que recordar que Francia tenía inversiones en el Perú y que tanta destrucción ponía en peligro sus capitales. La intervención de Du Petit Thouars sirvió para que Chile, prudentemente, se calmara. Además, no era un secreto que Inglaterra financiaba a Chile para afrontar la guerra, y ya entonces existía una franca rivalidad entre franceses e ingleses.

Francisco García Calderón es nombrado, por Chile, como Presidente del Perú, ante las protestas de Nicolás de Piérola quien aún decía que era el Presidente en funciones. Los chilenos reconocen a García Calderón y desconocen a Piérola, iniciándose así una vez más las negociaciones para el fin de la guerra. Manuel María Gálvez, Ministro de Relaciones Exteriores peruano se entrevista con los diplomáticos chilenos quienes persistían en su posición de detener la guerra a cambio de la cesión de Tarapacá, Arica, Tacna y Moquegua. García Calderón no acepta y es deportado junto con su familia a Chile. Mientras tanto, en Arequipa, una junta de hacendados nombra como Presidente a Lizardo Montero.

Manuel Baquedano todavía se encontraba con cierta preocupación pues hasta ahora no habían podido encontrar a Andrés A. Cáceres, desaparecido en la batalla de Miraflores. Pronto tendría noticias de él, de la forma que menos esperaba.

(continuará)

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