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Fin de la Guerra

Por PaulBB - 8 de Octubre, 2007, 19:20, Categoría: Historia

Las fuerzas militares que defendían Lima eran ahora polvo, destruídas y acabadas por el ejército chileno. Sin embargo aún quedaban peruanos que querían seguir combatiendo, que no estaban dispuestos a resignarse al hecho de bajar la cerviz y aceptar la humillación. Recordemos.

Andrés A. Cáceres había sido sacado del campo de batalla, en Miraflores, gracias a una astuta estratagema de sus soldados y ahora, ya recuperado, se disponía a alistar un nuevo ejército con el cual enfrentar a las fuerzas chilenas. Sin soldados a quienes recurrir, Cáceres decidió que los únicos que podían combatir eran los ciudadanos de Lima: hombres, ancianos y chiquillos, pero no se dio. Los habitantes de la ciudad eran temerosos de participar en un enfrentamiento luego de haber visto el poderío y la eficacia de Chile en el campo de batalla. Entonces Cáceres dejó Lima y enrrumbó hacia los Andes.

Cuando Cáceres llegaba a un pueblo pedía a los párrocos o sacerdotes que hiceran tañir las campanas para convocar a los pobladores para hablarles de la situación en la que se encontraba el país. Se dirigía a los campesinos en estos términos: "¡El Perú está en peligro, hay que defenderlo!". Entonces los campesinos le preguntaban y se preguntaban a ellos mismos: "Y quién es ese 'Perú' al que hay que ir a defender?". Esta insólita respuesta se daba por el triste hecho de que en los andes peruanos, la nula presencia del Estado hacía que se viva una especie de feudalismo, donde los "gamonales" eran los dueños de enormes áreas de tierras de cultivo y tenían a los indígenas trabajándolas, a cambio de alimento y vivienda. Lamentable situación por la cual cuando Cáceres les pedía defender al Perú, los campesinos creían que "Perú" era una persona. El mariscal cambió el discurso: "¡Los chalinos nos invaden y quieren quitarles su pachamama! ¿Lo van a permitir?". El término "chalino" era usado como chileno y la pachamama era la "madre tierra", elemento ancestral de la etnia inca. El mariscal Cáceres reunió así a 5000 peruanos dispuestos a luchar para conservar su pachamama. Pero eran aldeanos, no militares, y a pesar de su valor para combatir se presentaban con azadas, rastrillos, lampas, hondas y piedras, en una milicia conformada por hombres y mujeres, sin la menor noción de como formar o atacar como un batallón.

Cuenta Cáceres, en sus memorias, que los campesinos no tenían idea de cual era su izquierda y su derecha, cosa que complicaba muchísimo si nos damos cuenta que para combatir se debe saber hacia donde ir o desde donde se está siendo atacado. Como los campesinos no lograban entender el concepto, Cáceres envió a uno de sus colaboradores a traer toda la "cancha" (maíz tostado) y "kisu" (queso) que encontrara. Reunió a sus milicia y a cada uno le fue poniendo en su mano derecha la cancha, y en la izquierda, el queso. Y les dijo que en la batalla, cuando él gritara cancha o queso, se deberían mover al lado que correspondía. Así se solucionó esta situación, de entre otras tantas anecdóticas.

Con su milicia entrenada, Cáceres se dispuso a enfrentar al ejército chileno que lo había ido a buscar. Fueron sendas victorias en las batallas de Marcavalle, Concepción y dos veces en Pucará. El Mariscal había logrado que un grupo de aldeanos derrotaran a soldados de un ejército regular. Estas victorias sorprendían sobremanera a los jefes militares chilenos Baquedano y Lynch, quienes enviaban tropas a combatir contra Cáceres y estos ya no volvían, entonces deciden enviar a uno de sus mejores hombres, si no el mejor, Pedro Lagos, para que vaya a apoyar a los generales Canto y Letelier, en la sierra.

En la batalla, las fuerzas chilenas superaban a las peruanas en número y esto lo sabía Cáceres, que ideó otra treta. Esta vez pidió que le traigan mucha ropa y a todos los camélidos (llamas y guanacos) que encuentren; los vistió y los apostó en las cumbres de los cerros. Durante el combate, cuando la cosa pintó desfavorable, Cáceres hizo la señal respectiva para que desde arriba los campesinos azuzaran a los animales y estos bajen en estampida, levantando polvo, y armaron tal alboroto que los soldados chilenos pensaron que eran refuerzos, creando confusión que fue aprovechada por la milicia del Mariscal. Así se logró la victoria en la localidad de Sangrar. Cáceres era visto como un caudillo, era su "Tayta" (Señor)  para los milicianos, y estos estaban dispuestos a marchar a Lima, para recuperar la capital.

Mientras tanto en Cajamarca, el general peruano derrotado en la batalla de San Juan, Miguel Iglesias, logró una victoria en la batalla de San Pablo. Este hecho haría que los hacendados cajamarquinos lo vieron como a un líder y tal era la anarquía en ese momento que lo nombraron Presidente. Pero el cargo no era gratuito. A cambio, los hacendados exigían que Iglesias firme la paz con Chile, aceptándose la entrega de los territorios en disputa. Hay muchas teorías respecto al porqué de esta increíble petición, pero la que cobra más fuerza es el temor de los terratenientes a perder sus haciendas a manos de la milicia de Cáceres, pues en el caso de una victoria peruana, Cáceres les quitaría sus tierras para repartirlas entre los campesinos que habían peleado contra los chilenos.

Así es que Iglesias da el tristemente famoso "Grito de Montán", donde pide la paz a Chile. Cáceres y su milicia son sorprendidos por la noticia, la moral de los campesinos cae por los suelos: mientras ellos peleaban por su "pachamama" había otros que se resignaban a perderla, y peor aún, a entregarla voluntariamente. El desconcierto es aprovechado por el ejército chileno; en la batalla de Huamachuco Cáceres es derrotado. En Lima se firma el Tratado de Ancón, donde el Perú entrega Tarapacá a Chile, y Arica y Tacna quedarían bajo control chileno durante 10 años, transcurridos los cuales se haría un plebiscito para que los pueblos decidan su nacionalidad.

De este modo terminaría la guerra contra Chile. Me siento apesadumbrado, nos leemos. 

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