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Hace un año partió un ángel

Por PaulBB - 17 de Octubre, 2007, 21:17, Categoría: Personales

Hace un año exacto que mi abuelita murió.

- ¿Por qué no hiciste tu tarea? Estás castigado.
- ¡Pero quiero ir a jugar, la puedo hacer más tarde!
- No insistas, no vas a salir hasta que termines.
- ¡Hija, me llevo a Paul de compras! (¡vámonos rápido, hijito, antes de que se dé cuenta!)

Mi abuelita fue durante toda mi vida, mi cómplice. Mis padres estaban poco en casa y ella fue la que siempre estuvo conmigo. Desde que recuerdo siempre viví muy apegado a ella; nos íbamos al parque, de compras, jugábamos. Recuerdo que jugábamos cartas durante horas, y ella terminaba contándome la historia de la familia. Lugares lejanos pero encantadores, familiares que nunca había conocido (ni conocería), historias inverosímiles pero fascinantes. Cuando era niño mi abuelita era mi mejor amiga, nunca se enojaba conmigo y le gustaba llamarme "mi niño bueno"; caminábamos de la mano por las calles, yo preguntando de todo acerca del mundo que me rodeaba y ella con respuestas para todo.

- ¿Abuelita, por qué hay pajaritos negros?
- Porque vuelan muy alto, cerquita al sol, y eso hace que sus alitas se quemen.

A medida que crecemos, los chicos vamos perdiendo nuestros vínculos con las personas que nos quieren, sean nuestros padres o abuelos. Somos menos afectuosos y nos dedicamos más a estar con los amigos, nuestra vida social. Pero ella seguía ahí, a veces regalándome dinero para irme a pasear o salir con las chicas, a veces preparándome lo que me gustaba comer. Mientras yo crecía, mi abuelita estaba en el ocaso: era menos activa que antes, se pasaba las horas tejiendo y esperando tal vez a alguien, tal vez a su "niño bueno" para ir a jugar o caminar. Lógicamente yo prefería irme a jugar pelota que quedarme con mi abuela; a veces estaba sola y yo pasaba de ella. Recién puedo notar lo indiferente que fui, sólo cuando maduramos y nos hacemos grandes nos damos cuenta de lo mal que hemos hecho algunas cosas en nuestra adolescencia, o en nuestra vida en general. No me gustaba estar con ella, las fascinantes historias ahora me parecían aburridas, y los juegos de cartas eran poco menos que un fastidio. A pesar de que ya asomaba cierto bigote en mi cara ella seguía tratándome con ternura.

Pero cayó enferma, y ahora era como una carga pues ya no podíamos salir como antes pues teníamos que cuidarla. Pasó unos largos años en ese estado, con nosotros pendientes de ella y tal vez ella, esperando el momento de dejarnos. "No me gusta molestar", solía decir.

Sólo en sus últimos momentos, en el hospital, con ella apenas consciente me pude dar cuenta de lo canalla que había sido, relegando a aquella mujer tan buena, olvidando todo lo que me dio y lo que pasamos juntos.Cuando fui a verla al hospital le tomé la mano, ahora delgada y casi inerte y le dije lo que hacía muchísimos años que no le decía: "Te quiero mucho, abuelita". Le pedí perdón por haberme comportado así durante los últimos años y le decía que siempre iba a ser su "niño bueno". Al día siguiente mi abuela murió, y aún ahora mientras escribo estas líneas, lloro como aquella vez.

Ya nos volveremos a encontrar, abuelita. Me contarás historias, que yo encontraré fabulosas, jugaremos cartas y yo seré tu "niño bueno", ahora para siempre.

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