El Blog

Calendario

<<   Noviembre 2009  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30       

Categorías

Archivos

Sindicación

Enlaces

Sitio hermano

Alojado en
ZoomBlog

La pregunta está al final de la entrada...

Por PaulBB - 21 de Noviembre, 2009, 18:35, Categoría: Personales

Ya conocía a esta chica desde hace un par de meses. Es muy simpática, alegre, muy risueña. Compañeros de clase, nada más, pero por azar del destino me ha tocado hacer grupo (de dos) en algunos trabajos del curso.

¿Cómo la pasé? Yo, normal, pero ella se la pasó bomba. Si tengo una cualidad, es la de ser un tipo gracioso y hago reir a la gente con facilidad. Siempre se me ocurre algo divertido para cualquier comentario, así sea del clima. Las otras chicas de la clase -cosa curiosa, me relaciono mejor con mujeres que con hombres. Ha de ser porque soy Leo y me gusta ser el macho Alfa- me decían que esta chica "me había echado el ojo" y que era "de mi club de fans". Podía ser, igual no hay forma de saberlo. Soy torpe para reconocer ese tipo de situaciones, aunque me parece que la mayoría de hombres muchas veces no captamos el sutil -y a veces imperceptible a ojos masculinos- arte seductor de las mujeres.

Así que seguimos normal, a veces el saludo y otras veces ni eso, aunque seguían las miraditas raras. De eso sí se da cuenta uno, no es lo mismo una mirada casual que una miradita rara. Bueno, cosas de la vida, nos tocó hacer un trabajo en pareja. Después de intercambiar palabras y risas, quedamos en hacer el trabajo en su casa. Perfecto, ¿intenciones? Ninguna.

Sin embargo tenía una corazonada. Como cuando te subes a un taxi y ves que el que maneja es un anciano de 75 años, ya sabes que te vas a demorar un huevo en llegar a tu destino. Presentía que iba a pasar algo en la casa. Ojo, la chica es graciosa y todo pero a mí me interesa andar solo, sin complicarme la vida. Pero esa idea no se me iba de la cabeza, algo iba a pasar.

Resulta que nos encontramos cerca de su casa -me salió al encuentro porque no conocía la ubicación exacta- y me saludó con un beso demasiado efusivo. Generalmente no saludo a nadie de beso, me parece un poco desagradable andar pegando la cara a la de otra, salvo que sean chicas que conozco y que me caen bien (a las que conozco y ni fu ni fa sólo les doy la mano a veces, y otras basta con una levantadita de ceja). Ya en la casa nos pusimos a trabajar. ¿Cuánto tiempo? Probablemente 10 minutos, porque de la nada me empezó a enseñar su colección -enooorme- de música que tenía en el ordenador. Por ser amable puse cara de interés, pero he de confesar que el género que a ella le apasiona está en un idioma que a mí me repulsa. Imagínense el esfuerzo. Me soplé cuchucientos mp3 y otros tantos videos sin chistar, delicadeza de uno. Yo también le mostré algo de lo que tenía, pero no me hizo ni puñetero caso, una miradita rápido y listo. Mujeres, sólo les gusta hablar de ellas.

Así habremos estado un par de horas hasta que volvimos al trabajo. Otros diez minutos, y lo que siguió me acojonó. Me empezó a mostrar sus fotos, de viajes, reuniones, fiestas y cosas así. Ya se imaginan que yo ya estaba podrido, aunque siempre con carita de "¡mira qué interesante!" hasta que llegó el momento de la semi-verdad, y se llama así porque el de la verdad fue a continuación, pero vamos en orden, galifardos. La chica mira sus carpetas en la PC y mirando exclama: "¿Qué tengo acá?, no me acuerdo..." Y ¡Oh, sorpresa! Fotitos en lencería...

Inmediatamente cerró la imagen y se empezó a reir, tapándose la cara. Yo, caballerosamente, voltée la cara y le dije: "vale, avísame cuando pueda ver". Vamos a ver, un intermezzo: Si sabía que yo iba a ir, si sabía que es su computadora, si son sus fotos, si ella las organiza, ¿en serio cabe la posibilidad de que no supiera qué era lo que me iba a mostrar? Ahí pensé: "Uuy, acá goleamos" pero decidí jugar tranquilo, como dirían los gringos "keep it cool". Volviendo, seguí volteado esperando su autorización para poder ver las fotos que ella considerara adecuadas. Cuando me avisó voltée, ý eran fotos de ella, pero sólo se veía el rostro y a veces parte del busto. Hasta que me hizo voltear de nuevo, y al rato me dijo: "Bueno, ésta si puedes ver". Voltée y al instante, a la velocidad de la luz, me dí cuenta de que en situaciones normales son fotos que no debería haber visto: boca abajo en hilo dental. Joder, sólo sonreí, ya en ese punto empecé a dudar si lo de "keep it cool" era lo adecuado.

Me mostró un par de fotos más así y luego cerró la carpeta. Creo yo que desconcertada, al ver que no me le tiré encima, o al menos no le sugerí nada. Luego hablamos un rato acerca del tema, de que el "accidente" de haber visto sus fotos sin querer nunca le había pasado, y se moría de risa. "¿Qué hago?", me dije. "¿Me puedes prestar tu baño?", ella dijo que claro, que me indicaba. Que yo me levanto y que ella va delante. Hummm, momentos cómo este me transportaron a la época en el colegio, cuando ir al baño con la chica era sinónimo de ustedes ya saben. Ella entró y empezó a sacar la ropa de la lavadora -sabe Dios por qué estaba la lavadora en el baño- mientras hablábamos de cualquier cosa. Creí oportuno tantear el terreno: "¿Por qué la sacas? Seguro no quieres que vea tu lencería". Ella rió y dijo: "No, si eso está ahí", y me mostró donde estaban colgadas. Despelote, en ese momento me sentí un completo huevón, sin saber qué acciones tomar. Parece que me leyó el pensamiento y dijo: "No creas que quiero estar acá mientras estás en el baño...". Yaaaa, ni siquiera lo había pensado, en serio, pero el comentario me sorprendió. Yo pensaba: "Esta tía quiere mandarse con todo pero no se termina de animar. O le da vergüenza porque nunca lo ha hecho antes, o no sabe si le voy a corresponder". Ahora que lo pienso, me inclino por la segunda opción, porque si lo hubiera hecho antes entonces se habría ido a lo seguro y se me hubiera tirado encima sin contemplaciones. Ese, señores, fue el momento de la verdad. ¿Qué hice? Esperé que sacara sus cosas, salió y cerré la puerta. Sí, sí, ya sé que estarán pensando, que soy un imbécil. Pero ya entró en mí el lado analítico, y quise ver hasta dónde llegaba. Ya lo había decidido, si iba a pasar algo, yo no iba a mover un músculo para que pasara: ella tendría que hacer todo el trabajo.

De vuelta a la PC ahora sí empezamos a trabajar en serio, ya era de noche y había que hacerlo por fuerza. Pero empezaron las tocaditas. En ese momento me sentí como un científico examinando un comportamiento condicionado. Puse mi brazo cerca de ella, y ocurrió lo que esperaba, agarradas y apretadas ocasionales al hombro y brazo, típico en las mujeres para ver si se trata de un hombre que al menos tenga "algo". Me jugué otra carta: me miré la palma de la mano y al preguntarme ella qué hacía le dije que había visto algo de quiromancia en la tele. Por si no saben, la quiromancia es la técnica que usan algunos brujos o qué se yo donde leen las líneas de la mano para adivinar tu futuro. Inmediatamente me dio sus manos. La recorrí con los dedos -su palma- con un poco más de intención que cualquier brujo, y ella también me miró con más atención que con la que se mira a un brujo. "Interesante", pensé. Le solté las manos y sugerí volver al trabajo.

Ya era tarde, así que fuímos a comprar comida. Volvimos, siempre hablando de cualquier cosa, y seguimos en lo nuestro. Ya era demasiado tarde, mi ánimo de científico se estaba yendo al cacho porque ya habían pasado 6 horas y habíamos hecho muy poquito, por no decir nada. Asumo que afloró mi cara de poker, porque me decía cada cierto tiempo "uy, ya te estás aburriendo. Ya vamos a terminar". Tanto tiempo ahí empezó a acabar con mi habitual gracia. Vamos, cachondeo está bien, pero si hay que hacer las cosas pues hay que hacer las cosas. Se acabó el flirteo y nos dedicamos. Un par de horas después acabamos una parte, no todo. Sugerí terminar todo luego, cuando coincidamos en la clase, pero ella retrucó citándome dos días después, de nuevo en su casa. Cometí una huevada, producto del cansancio, y le dije si estaba segura, si no quería pasar su domingo descansando en vez de hacer un trabajo, pero ella dijo que no le importaba. En ese punto la verdad es que me dio lo mismo, salí de ahí con un besito cualquiera -parece que mi cara de poker acabó con la intención- y tomé mi taxi.

Ahora, la pregunta que mencioné en el título de la entrada: ¿Todo esto, en realidad, fue un juego de seducción o yo estoy viendo fantasmas?

Pero algo sí sé. Esta vez, si es que no pasa nada en su casa, a la despedida le robo un beso a ver qué sucede. Si corresponde, si se molesta, si se desconcierta... En todo caso, más vale pedir perdón que pedir permiso. Y aclaro, no busco nada, me gusta estar solo. Pero como dijo Charlie Harper, en Two and a half men, alguna vez: Si vas de cacería y un venado te quita el arma, se dispara, se sube al techo de tu camioneta y se amarra, lo mínimo que puedes hacer es llevártelo a casa y comértelo.

Hasta otra.

Actualización (al día de la reunión): La tipa decidió hacer lo mismo que yo, osea, "keep it cool". Evidentemente siguiendo el consejo de alguna amiga (según lo comprobé tras unos minutos de plática), eso sí lo noté. Bueno, a lo mucho perdí un polvorete hoy, quién sabe qué pase después.

PD1: No he puesto nombres, ni fechas ni lugares, por si ella me lee algún día, o alguno de sus amigos.

PD2: Si han leído toda la historia me sentiré muy halagado. ¿Por qué? ¡Son un huevo de palabras!

Permalink :: 7 Comentarios :: Comentar | Referencias (0)