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Volver a ir de compras con una mujer es no aprender la lección.

Por PaulBB - 20 de Julio, 2010, 17:06, Categoría: Opinión

No tiene otra explicación; aunque, siendo sinceros, sí se me ocurren muchos adjetivos para el  atarantado que comete la reincidencia: pelotudo, huevas tristes, candelejón, tontodelculo, empanao' y mil más que no escribiré porque si bien soy merecedor de todos, no hace falta que continúe lacerándome. No, pensándolo bien, sí hace falta: mascachapas, rebanapanes, pandereta, caído del palto, cretino, gilimemo...

Es un martirio, un camino al Gólgota, un apretón de testículos el acompañar a una chica a comprarse ropa y/o zapatos. A saber:

1. Por lo menos son cuatro horas de recorrido, si es que la fémina en cuestión tuvo a bien tantear el terreno, c'est à dire, si anduvo buscando antes de decidirse a ir "directamente" a comprar. Si te lleva sin tener remota idea de lo que quiere, sin haberte dicho más que un soso "¿vamos a ver las tiendas?, tal vez me anime a comprar algo...", prepárate para la jornada laboral completa. Vivan los mártires de Chicago.

2. Se camina como sahumadora en procesión. Es falso decir que las mujeres no saben lo que buscan. No, sí saben, claro que saben. Pero el procedimiento mental que hacen cuando se encuentran frente a montones de trapos es súper bizarro: "Necesito una chompita blanca, así, ¿ves? Aunque esta tiene las mangas muy anchas, me gusta más así como ésta de aquí... pero pensándolo bien, creo que mejor compro una casaca, pero no como ésta sino como... ¡ésa! Ajá, así, pero en otro color para que vaya con unas botas que pienso comprar... Hablando de botas, ¡mira ésas de allá! Pero si compro ésas... mejor seguimos viendo, porque tengo una idea y algo de eso debe haber por aquí... Ya quita esa cara, no voy a comprar pantalones, aunque tal vez si encuentro la marca que te comenté el otro día porque me han dicho que hay un lugar donde los venden que queda por aquí cerca...".

3. No sirve de nada el razonamiento masculino al momento de las compras. Los hombres sabemos qué necesitamos y qué pasos seguir: un jean azul, lo compramos; una casaca de cuero, la compramos; un par de zapatillas, las compramos; fin del día de compras, treinta minutos máximo. Las mujeres piden nuestra opinión ante cada prenda, aunque les importe un reverendo carajo pues no nos hacen ni puñetero caso: "-¿Me queda bien? -Sí, está bonito. -Hmm... ¿y éste? -No me gusta mucho el color... -Hmm... ¿y éste? -Me gustaba más el anterior. -Hmm... ya, hay que seguir buscando.". Al final del día lo único que uno quiere es desaparecer.

4. Y respecto del punto anterior: por más cansado y harto que estés, no servirá de nada que ante cada pregunta que te haga respondas con un "te queda lindo", "genial", "me gusta", "deberías comprar ése" o cualquier otra frase por el estilo. Y digo no servirá de nada porque ese tipo de comentarios tiene sólo dos efectos posibles. El primero, ya comentado, que no le interese. El segundo es peligroso; ante tanta complacencia de tu parte pensará que es la reina del mundo y que todo le queda bien, por lo que procederá a seguir comprando más y más ropa y el cuento no tendrá fin.

5. Y es que las mujeres no se cansan cuando se trata de estos menesteres, se comportan como hamsters atiborrados de cafeína y azúcar. Pueden pasarse doce horas de tienda en tienda y olvidarse hasta de comer. Pero a ver, háganlas caminar dos cuadras porque tomar un taxi para esa distancia es una reverenda gilipollez y van a escuchar una recatafila de reclamos como los típicos "estoy cansada", "¡no te pases, está lejísimos!" o "¡ay, mis piecitos!".

6. ¿Y saben por qué duran tanto tiempo sin agotarse? Porque no llevan la montaña de cajas producto de sus compras. Claro, el que la lleva es el estólido de turno, que solicita llevar las primeras compras en un acto de caballerosidad, pero que termina arrastrando las últimas bolsas con franca resignación.

7. Y no hay que olvidar que son unas tiranas. Pero tampoco hay que olvidar que los hombres nos sometemos voluntariamente. Como dijo mi idolatrado Charlie Harper: "El hombre es como una buena mula: si no la maltratas, puede trabajar todo el día".

Pero, ¿tiene sentido aguantar todo esto?

La respuesta la tendrá cada macho de la especie. Bien puedes mandarla à la mèrde a primeras de cambio, sería lo sensato y natural; o hasta no aceptar "la invitación". Pero también puedes soportar todo este vejamen sabiendo que cuando la jornada haya concluído, el brillo que habrá en sus ojos cuando te mire, hará que todo valga la pena.

Cosas de la vida. Empiezo la entrada rezumando cinismo y acabo con la más rosa de las frases.

Pónganme una magnum entre las cejas y háganle un favor a la sociedad: jalen el gatillo.

Hasta otra.

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