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Punto final, solamente cuando les llegue su hora final

Por PaulBB - 4 de Septiembre, 2011, 14:34, Categoría: Opinión

Hace unos días levantaron polvo las declaraciones de nuestro ministro de Defensa, Daniel Mora, cuando comentó el hecho de que los militares sean constantemente enjuiciados acusados de haber violado los derechos humanos (DDHH) de personas acusadas de terroristas en la lucha que se libró en nuestro país, durante los últimos veinte años del siglo XX. El ministro sugirió que los procesos penales sean concluídos de forma anticipada para que el país entre en una etapa de "reconciliación".

Evidentemente, reacciones de nuestra izquierda local hicieron que el ministro se "reinterprete", y termine diciendo que nunca dijo nada siquiera remotamente parecido. Tal vez el señor Mora, al ser un empleado del Gobierno, tenga que tener mesura en sus palabras y cuidar muy bien sus expresiones. Sin embargo, yo soy un hijo de vecino, y me importa un carajo la mesura, comportamiento alentado por el hecho de que no me lee ni Dios, pero esa es otra historia.

Para mí, hay un hecho que es indubitable: los terroristas y acusados por terrorismo no tienen derechos humanos. Quien pone explosivos dentro de un auto y hace volar una casa no tiene derechos humanos. Quien mata campesinos so pretexto de ajusticiar a la población ante la ausencia de Estado no tiene derechos humanos. Quien ordena secuestrar, torturar y matar no tiene derechos humanos. Toda esa mierda comunista y "revolucionaria", definitivamente, no tiene derechos humanos. Y por lo tanto, tienen que ser eliminados.

Yo difiero del ministro. Yo no me puedo reconciliar con el que mató a mi padre, madre, hermano o hermana. Yo no me puedo reconciliar con el que dejó a mi hija paralítica por un coche bomba, ni me puedo reconciliar con el que dejó a mi hijo ciego y sordo por una detonación. No. Yo los quiero ver muertos, y de ser posible matarlos yo mismo. No hay ni habrá reconciliación nunca, no hasta el día en que toda esa lacra sea exterminada y desaparecida como la basura que es.

Quien reacciona a los ladridos, como un pekinés ruidoso, es la caviarada y rojerío, siempre escandalosos, gimoteando por derechos que sus defendidos violaron desde el momento en que atormentaron a ese hombre en Quispicanchis, y desde el momento en que le dieron a un niño su primer fusil, diciéndole toda esa sarta de mentiras y ruindades que ustedes consideran el medio para su revolución, y que hicieron que él sea un elemento de su maquiavélico ajedrez, un peón del cual se podía disponer; un indio más cuya vida no tenía valor, pues "había muchos más", como decía ese otro hijo de puta llamado Ernesto "Che" Guevara, un rufián malnacido del cual espero que sus atrocidades no sean bien conocidas, pues no me explicaría entonces como hay grupos en las redes sociales que le rinden pleitesía. Ya tendré tiempo para ese ídolo de barro.

La gente de bien no hace tanto ruido como una piara de rojos, y es por eso que parecen más de los que realmente son. No se amilane usted, señor ministro, ni usted tampoco, presidente Humala, que ha demostrado no ser un rojo como todos temíamos, sino ser un pobre aventurero con uno que otro tinte pragmático, que no se come el cuento socialista.

Es hora de un frente unido contra el rojo, el color de comunistas y socialistas, el color de la rabia y el desenfreno, de las pasiones ajenas a la razón, de la locura. El color del infierno.

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