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Sobre Ernesto "Che" Guevara

Por PaulBB - 4 de Noviembre, 2011, 1:00, Categoría: Opinión

Camisetas, gorros, calcomanías, tatuajes, pósters y hasta películas. Personas de todo el mundo lo admiran, artistas se han inspirado en sus acciones, díscolos boxeadores como Mike Tyson lo llevan en el abdomen, y hasta ídolos futbolísticos como Diego Maradona lo llevan en el brazo derecho, a manera de un dibujo eterno.

Guevara una vez dijo: "Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie". Estas palabras no pueden merecer sino un aplauso.

También señaló: "Ha pasado un camión del ejército, el mismo de ayer, en la parte de atrás dos soldaditos envueltos en una manta. No he tenido el valor de dispararles ni he tenido suficientes reflejos para capturarlos". Tan piadoso, Guevara, tan compasivo. Razones hay para sostener que este señor fue un ejemplo para la humanidad.

Y no tienen idea de quién fue ni de lo que hizo. Ernesto "Che" Guevara no era compasivo, ni piadoso, ni mucho menos era un ejemplo para la humanidad. O sí, me rectifico, podría ser un ejemplo, pero de los límites que puede alcanzar la ruindad humana, el salvajismo y la desverguenza. Sí, porque Guevara es un falso valor, Guevara es un ídolo de barro que se destruye a medida que le cae encima la lluvia de la historia y la verdad. La fama del "Che" se tambalea y fenece cual bote azotado por la tempestad y aguas bravas del ojo crítico de su dizque "obra". Guevara no es más que un vil y vulgar asesino.

Entonces, ¿cómo se explica que haya tantas personas que admiran a este sujeto, que invocan su nombre, que lo lleven en sus ropas? La única explicación es que sus admiradores no conozcan a fondo la historia y los hechos relacionados a este romántico, que al igual que Hitler, actuaron guiados por el dominio de sus convicciones. Para ellos el argentino representa el heroísmo y la libertad. La verdad es que este señor encarnaba conceptos diametralmente opuestos a los que se le suponen.

En abril de 1967, en su mensaje a la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, Africa y América Latina, Guevara aseveraba: "El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar". Esto era Guevara, una sanguijuela sedienta de sangre, una aberración humana que estaba dispuesta a matar a quien se cruzara en su camino. Un criminal que fusil en mano era capaz de segar una vida con la misma soltura con la cual uno se desembarazaría de una flema.

¿Pero tan acabado está el mundo y el ser humano para idolatrar a este hombre? En 1957, Guevara, (que con Fidel Castro eran miembros del grupo armado Movimiento 26 de julio) desembarcaban en Cuba, provenientes desde Veracruz, México, el Che le escribía estas líneas a su esposa, palabras recogidas en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: "Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre". Este psicópata, este lunático desequilibrado mental era más peligroso que un mono con metralleta. Tan sediento de sangre, que cuando Fidel Castro logró derrocar finalmente a Batista, el carnicero Guevara, junto a su tropa, la llamada Columna N° 4 del Ejército Rebelde, él mismo se dedicaría a supervisar los juicios y ejecuciones sumarias, y hasta empuñar el fusil y vomitar la pólvora para acabar con la vida de los opositores a la revolución. Gente de rodillas y ojos vendados, a quienes les leían sus "delitos" y su condena, y que luego eran ultimados a manos de este homicida y sus secuaces. ¿Alguna vez han visto a los extremistas musulmanes degollando prisioneros y grabándose para pasarlo a las televisiones? El mismo asco y la misma repulsión merece este mamarracho humano, este Guevara ruin.

"¡Ante la duda, mátalo!", decía el rufián. Este miserable que no dudaba en entrar a instalaciones privadas y aniquilar a seres humanos mientras dormían, como han señalado Pedro Crozo y Luis Guardia, investigadores que se han especializado en los hechos de la revolución, y que toman testimonios de Marcelo Fernández-Zayas, un ex revolucionario. Cuando Guevara fue puesto al frente de la dirección de La Cabaña, un establecimiento para recluir a los enemigos del régimen, y bajo el encargo del otro criminal Fidel Castro, toda su sed de sangre se desató. Durante 1959, en un edificio construído para 300 se hacinaban 800, como bien relata Javier Arzuaga, el capellán encargado de enviar las almas al descanso eterno de los ejecutados por el asesino Guevara. No sólo eran soldados leales a Batista, sino también había policías, comerciantes, periodistas y hasta campesinos que no comulgaban con las ideas comunistas. Los jueces no eran letrados, no, sólo eran personas imbuídas del pensamiento castrista que condenaban a los prisioneros y posteriormente eran ejecutados; sin derecho a la defensa, ni a un abogado, ni a nada. Eran ejecutados antes de que cantara el gallo.

Pero no sólo eso, Ernesto Guevara era también un ladrón, un vil y puerco asaltante, que no dudó en expropiar e instalarse en un palacete cubano tras el triunfo de Castro, y que ordenaba a sus secuaces asaltar bancos, como consta en una carta enviada a Enrique Oltuski, su subordinado, en noviembre de 1958, al considerar que como el pueblo no tenía dinero en los mismos, había plena libertad y derecho para tomarlo. Canalla y delincuente, así era Guevara.

Mas tambien el Che sería parte de la maquinaria asesina que crearía el campo de trabajos forzados de Guanahacabibes, donde él mismo diría: "A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo bestial". En 1965, en Camaguey, siguiendo el modelo del campo mencionado, se crearía un campo de concentración (sí, como los nazis) donde los disidentes hartos de la gangrena comunista, los homosexuales, los enfermos de sida, los testigos de Jehová, entre otros, eran montados en buses como ganado y enviados al matadero, donde les eran arrancadas sus vidas.

Ésta es la lacra comunista, bazofia que es buena a la hora de matar, pero que a la hora de dirigir a la nación y al Estado no hace sino arruinarlos, como bien demostró Guevara cuando fue Director del Banco Nacional de Cuba y luego Ministro de Industria, veces en las que imprimía billetes con la firma de "Che" y que posteriormente arruinó el movimiento exportador azucarero que hacía de Cuba una potencia mundial en ese ámbito económico. Así era Guevara, quien profetizó que en 1980 Cuba tendría el mismo ingreso per capita que los EE.UU. en 1965, y que la historia diría que años después los cubanos sólo tendrían arroz y frijoles, racionados ambos, para comer todos los días, carne cada seis meses, un huevo por semana.

Además, el guerrillero experto, el brazo vigoroso de la lucha armada que era Guevara, organizó también otras expediciones armadas en Haití, República Dominicana, Panamá, Nicaragua, Bolivia y hasta en el Congo. Fracasó en todas. ¿Cuál es el mérito entonces de este matarife? ¿Cuál es el valor de este hombre que en su estancia en Bolivia decía que a los campesinos había que utilizarlos como carne de cañón, "pues habían muchos más"?

No, no y mil veces no. Ernesto Guevara no es ejemplo de nada, y no es ejemplo para nadie. Un tipo así sólo podría ser reivindicado por ignorancia o por mala fe, porque ninguna persona con dos dedos de frente avalaría sus atrocidades, o sus métodos, rancios exponentes de la miseria y maldad humana. Éste es uno de los símbolos de la izquierda, del comunismo, ideología que no ha hecho sino destruir todo lo que su putrefacta mano toca. Estandarte de cuánto se puede degradar una especie, adalid de la inmundicia.

Ese es Ernesto "Che" Guevara.

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