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Amor más allá de la muerte

Por PaulBB - 9 de Septiembre, 2012, 13:23, Categoría: Miscelánea

Comentaba recientemente por ahí sobre este caso:

Un hombre, radiólogo de profesión, recibe en su consulta a una muchacha enferma de tuberculosis, enfermedad mortal allá hacia principios del siglo XX. Él queda perdidamente enamorado de la mujer, quien va a verlo constantemente para recibir su consejo médico, y tratar de buscar una solución a su enfermedad. Finalmente, como era de esperarse, el terrible mal acaba con la vida de la chica. El radiólogo, sumamente acongojado, pide permiso a la familia para construirle un mausoleo a la mujer en el cementerio del lugar, como una especie de homenaje, donde depositaría el cuerpo. La familia acepta de buen grado este gesto generoso. La muerte no iba a acabar con el amor que él le profesaba.

Esta entrada lleva el título elegido por lo que sigue a continuación. Tras haber colocado el cuerpo en el mausoleo y celebrado las exequias, el hombre vuelve cada noche a la tumba, durante dos años, para finalmente llevarse el cadáver a su casa. Una vez allá, da inicio un proceso de restauración del cuerpo: ata los huesos sueltos con alambre; rellenó con trapos el abdomen para volver a darle forma humana; envuelve con seda enyesada a la mujer, en un intento de detener la putrefacción de la carne; coloca ojos de vidrio en las cuencas vacías; le pone una peluca para disimular el cabello caído tras la muerte del cuero cabelludo; perfuma copiosamente al cuerpo en un intento de contrarrestar el hedor propio de la podredumbre; y coloca finalmente un tubo de metal forrado en seda dentro de la vagina de la mujer, para poder así tener relaciones sexuales con ella. Es la historia real de Carl Tanzer. Aquí debajo podemos ver una fotografía tanto de él, como de su obra.

Se tiene la idea generalizada, como un acto lleno de romanticismo, el morir en los brazos del amante. Muchos poemas, novelas, poesías y cantares se han escrito sobre esta idea, vista como el sumum del amor de pareja, del amor pasional. Sólo la muerte, elemento separador de un lazo inquebrantable, puede ponerle fin a  una historia de amor. Y en estos casos la muerte no es vista como una parte mala per se, sino como algo accesorio, algo extra en esa imagen romántica de dejar el último suspiro en los brazos del otro. Romanticismo en su máxima potencia.

Pero, ¿porqué desaparece el ideal romántico cuando se lleva al amor más allá de la muerte? ¿Por qué se vuelve algo repulsivo y repugnante? ¿En qué momento un mismo elemento pasa de glorioso a inmundo? ¿No es amor también? ¿Qué es, entonces?

Me parece sumamente paradójico, y hasta contradictorio, el hecho de ponerle un límite racional a ese sentimento complejo que llamamos amor, y que en ciertos casos, como el comentado anteriormente, no conoce de límites ni fronteras impuestas por el raciocinio. En la película Ghost, la sombra del amor, el momento en el que Molly (Demi Moore) baila romántica y apasionadamente con el espíritu de Sam (Patrick Swayze), reencarnado en la adivina Oda Mae Brown (Whoopi Goldberg), es considerado como una de los escenas más emblemáticas y representativas de la historia del cine romántico. Pero, ¿y si Molly hubiera embalsamado el cadáver de Sam para luego bailar esa misma melodía? ¿Dejaría de ser un baile de amor para convertirse en una danza espeluznante abrazando a unos despojos fétidos? La muerte otra vez nos muestra, fiel a la más pura dualidad de Jano, toda la inmensidad de sus dos caras cuando de amor se trata.

Si en el Romeo y Julieta de Shakespeare, Romeo no tomara la decisión de acompañar en su viaje al más allá a la supuestamente muerta Julieta, y se hubiera llevado al cadáver para seguirla amando aun a pesar de ya estar sin vida, se hubiera dado con la sorpresa de ver a Julieta volver a la vida, y así continuar disfrutando de su amor. Tal vez la necrofilia ahí hubiera sido recomendable, para intereses del buen Montesco.

A priori yo creo que no haría nada semejante a los hecho por el señor Tanzer. Me parece sumamente aberrante y asqueroso el tener a un muerto en mi casa, y más aún, en mi cama. Lo mismo que la gente que practica esta parafilia -que las hay, y varias- sólo por el puro placer. Sin embargo, el hecho de la trascendencia del amor, o la obsesión, más allá del pulso en las venas y el resonar en el pecho, no deja de parecerme fascinante.

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