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Cuando el pez, por la boca, muere

Por PaulBB - 11 de Noviembre, 2012, 19:01, Categoría: Miscelánea

Las mujeres son seres fenomenales, en todas las acepciones que pueda encontrársele a la palabra. Estaba pensando en una serie de temas que podríamos afrontar los varones con nuestra chica en diversos momentos de la vida en común. Temas que son escabrosos, espinosos y que conviene saber cómo capear para no perder prerrogativas en otros momentos (ehem). Aquí algunos de los más esenciales.

Ir de compras con ella.

Hay tres reglas básicas que los hombres aprendemos gracias a la experiencia y que son, digamos, los tres conocimientos elementales que sostienen nuestra sabiduría como género en el devenir de la historia humana: las mujeres no tienen manzana de Adán; no orinar contra el viento; y no salir a comprar con una chica.

Desde que el hombre es bípedo sabe que salir a escoger algún elemento específico con la hembra de la especie, es potencialmente peligroso. Pinturas rupestres nos muestran a hombres Cromagnon (Homo Sapiens Sapiens) enviando a las mujeres a recolectar los frutos y escoger las pieles con las qué hacer sus vestimentas, mientras ellos se quedan en el refugio, a una prudente distancia.

En nuestros días, salir de compras con una mujer es un garantizado pain in the ass. Ellas no son como nosotros. Los hombres sabemos qué queremos, qué nos hace falta, y vamos directamente a por él para pagar e irnos. Ellas no. Ellas tienen que ver todo y probarse todo, además de pedir opiniones constantes y utilizarnos de carryboy. Serán cuatro horas como mínimo de prueba y caminata, con un cabreo cuyo incremento es directamente proporcional al número de prendas que ella se prueba. ¡Y cómo caminan las condenadas! Ahí sí no se quejan de que les duelen los pies, y en cambio cuando uno les pide caminar un par de cuadras ya se están lamentando y metiendo bulla.

Zafar del suplicio depende del nivel de sometimiento que se tenga. Si eres muy sometido, entonces aguanta no más, y lo tienes merecido por pisado. Pero si aún conservas cierta independencia, entonces puedes sugerir que se vaya a comprar con una amiga, con el argumento de que tu gusto es malísimo. También puedes utilizar el dolor de espalda; claro, no se lo vas a decir, sino te vas a quejar sonoramente en algún momento al iniciar la travesía: un bien ejecutado "ayyyy" al agacharte a recoger algo del suelo puede darte a pie a maquinar la excusa.

Dormir abrazados.

A la mayoría de hombres no nos gusta dormir abrazados. Al ser nosotros seres territoriales, nos gusta sentir la libertad de una buena cama y disfrutar de la comodidad de nuestros dominios. Las mujeres, por otro lado, gustan de sentirse protegidas y apapachadas, y no hay mejor momento para ellas que cuando se están por quedarse dormidas; conciliar el sueño en brazos de su "peor es nada" es la quintaesencia del amor de pareja.

Obviamente, no queremos lastimar sus sentimientos y decirles "run over, woman !", así que he aquí una salida. Hay que dejar que se apoderen de nuestros brazos y a medida que pasan los minutos ir aflojando la tensión, despacio, hasta casi separarnos de ellas. Sin embargo nuestro brazo aún está prisionero en la famosa posición de "la cucharita". Aquí hay que retirar el brazo que quedó debajo con un movimiento rápido y, como ellas se suelen despertar con este acto, lanzarnos nuevamente sobre ellas, pero ya esta vez, con el brazo libre. Ya ahí es sólo cuestión de tiempo para separarnos de ellas y volver a ser amos de nuestro espacio en el lecho.

"¿Estoy gorda?"

La respuesta a esta pregunta nunca debe ser sí, así ella sea la mamá del Profesor Chiflado. En realidad, lo que ellas quieren saber es si nos gusta como se ven en ese momento. Y bueno, probablemente ellas nos hagan la pregunta apenas acabadas de levantarse, con la cabeza hecha un gallinero y el cepillo de dientes aún en la boca. Obviamente no están en su mejor momento y la pregunteja es una prueba. Aquí sólo queda mentir como un chino: "Por supuesto, eres la mujer más linda del mundo". Claro, eso no se lo creen ni ellas ni nosotros, pero suele bastar para que se queden quietas y dejen de fregar la pita.

Fiel hasta con el pensamiento.

Las mujeres creen en la existencia de múltiples tipos de infidelidad. Además de la sexual, consideran como infidelidad también el que hablemos con otra chica estando ellas presentes o ausentes; mirar a otra chica por la calle; decir que tal o cual chica es guapa; e incluso soñar con otra chica o mirar alguna imagen. Mujeres del mundo, entérense, todos los hombres de la Tierra tenemos sueños eróticos con otras mujeres y vemos porno, vous avez compris ? Y el que dice que no, miente. Esto no tiene que ver con el amor, sino con el más puro instinto carnal que todos los hombres conservamos aún a través de la evolución. Claro, nosotros podemos estar enamorados de nuestras pareja, pero eso no implica que no contemplemos embelesados una imagen HQ de Megan Fox y Mila Kunis todas aceitadas y en la posición del pollito tomando agua, o que veamos absortos una peli de Silvia Saint en sus mejores épocas. Haciendo un paréntesis, qué mujerón era esa hija de la República Checa, Dios mío...

Así que ya saben, desde el momento en que tienen pareja todas las demás mujeres del planeta son menos que la nuestra; eso es lo que ellas quieren oír. Y Santa Claus existe.

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